Gaspar Albertos

Ahora resulta que «el nene caca»

Ahora resulta que "el nene caca"
Gaspar Albertos. PD

Victimismo. Ese es el tono que ayer por la tarde utilizó Puigdemont para con un relato histórico del independentismo catalán completamente distorsionado, tratar de convencer a la opinión internacional de que son mártires producto de la opresión del estado español y finalmente anunciar una declaración de independencia con sordina, suspendida inmediatamente después con la esperanza de que «alguien» le abra un escenario de dialogo, sin él moverse un ápice, cuando con esta declaración de independencia ha llegado ya más lejos en su deriva que nunca.

Antes de seguir me gustaría saber si resulta que en la nueva republica catalana que anhelan, su presidente va a tenar la atribución de suspender la independencia cada vez que le plazca. Si su republica democrática ya enseña esa pluma, aviados van.

Seguimos. Anunciado a las 18,00 h. el pleno se retrasa una hora y se deja filtrar que obedecen a ofertas de mediación internacional de última hora en el conflicto (coincidiendo con la línea del discurso que después escuchamos) cuando en realidad la demora se produjo porque la CUP cuando fue conocedora de la tibieza de la declaración de independencia montó en cólera y se sintieron traicionados como lo demostró su portavoz, Anna Gabriel, en su intervención.

No se puede decir que no ha declarado la independencia, pero tampoco se puede decir que ha hecho una declaración solemne de la misma. Prácticamente lo que ha hecho es leer el texto de la papeleta del referéndum, sobreentendiendo que la subraya con una «x» en el cuadrito del «si». Me suena más a canguelo que a convicción total.

Vuelve a solicitar la mediación y al final del discurso la CUP no aplaude, en la concentración de gente que hay en el exterior mucho desánimo y poca euforia.

A continuación, intervienen los representantes de los grupos políticos de la oposición y entre unos y otros ponen negro sobre blanco la cruda realidad política, social y económica de la actual Cataluña, a los que escucha con aspecto abatido y derrotado tanto es así que al rostro de Puigdemont parece que no llega la sangre.

Yo creo que lleva varios días durmiendo mal, o sin dormir, y no tuvo fuerzas ni para responder utilizando el turno de réplica.

Ahora, ante este «si pero no», ante esta fractura del independentismo, ante esta flojura de piernas demostrada, veremos la medicina que aplica el gobierno. A esperar.

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