Juan Pérez de Mungía

Parlemento

Parlemento
El 23-F de Tejero y Carles Puigdemont.

Puigdemont ha recuperado el metaplasmo. Ha negociado cambiar una letra de una palabra para lograr la simbiosis de dos palabras de diferentes lenguas. Parlem, del catalán y Parlamento del castellano. Puigdemont ha reinventado el parlamento y la lengua. Todos los que hemos visionado el audiovisual de la secesión hemos alucinado en colores, es el efecto alucinógeno del LSD político con el que viene despachando la realidad.

Si Confucio levantara la cabeza diría para sí estar confuncido. Expliquemos el caso porque tiene una explicación cinematográfica. Ahora no se vive el momento, Carpe diem, se vive el Memento o, mejor dicho, la amnesia. No se pierda el lector, todo tiene su origen y su sinsentido. El absurdo es parte de la ideología y el fondo del relato es al modo cristiano, decir lo uno y lo contrario, con la misma mecánica de quien se presta a la manipulación de los ciudadanos para convertirlos en seres débiles al ejercicio de la razón.

El discurso neofascista de la televisión catalana se basa en la analepsis, muestra de forma traumática una retrospectiva de una historia catalana que altera la percepción de los televidentes. Siempre acude a conectar momentos distintos del presente para trasladar la acción al pasado. Franco y la dictadura son el relato sobre el que se sustenta la explicación de por que la Constitución española es una continuación de la dictadura y de la represión de la cultura y lengua catalana. Necesita a Franco para exorcizar la democracia. Como si nada hubiera pasado desde 1978, incluida la existencia misma de la Generalidad con todas sus atribuciones, entre las que se incluyen haber convertido a las escuelas y a los medios de comunicación sujetas a su financiación al adoctrinamiento de ciudadanos de mala y buena fe.

El protagonista de la historia reciente, Puigdemont, ha recurrido, como no podía ser de otra manera al manido generalísimo para, desde la generalidad, declarar la independencia y 8 segundos después suspenderla y aquí viene la segunda parte de la película secesionista, la Prolepsis, (del griego prolambanein, anticipación), ha intentado anticipar la respuesta de sus mentores, la CUP, JxSi, ERC y prevé las objeciones de Podemos y del PSC. Todo se basa en una negociación anacrónica, se pospone el futuro mientras se conculca el presente. En un nivel menor de microestilística, correspondería al Hýsteron próteron, los ingleses lo denominan flashforward.

Todo queda en la sala cinematográfica del Parlament. La película de los hechos han dejado un panorama peculiar. Los ciudadanos que apoyan la secesión se han marchado con el miembro entre las piernas, y no han sabido reaccionar, se ha declarado la independencia pero se ha suspendido. Todos se iban tan confundidos como Confucio. Es como es habitual en los textos religiosos, algo que se significa según el lector. Todos contentos y todos defraudados. Para quien se lo cree, desde luego. Los ciudadanos que apoyan el 155 se han quedado a cuadros, normalmente a 25 cuadros por segundo a medida que visualizaban la sesión. A los que apoyan el Parlem se les han hecho los dedos huéspedes. Quieren poner la huella para votar en el próximo censo único y universal.

En resumen, la línea temporal, contada mediante constantes analepsis y prolepsis, mostrando según avanza la película secesionista las causas de lo ya visto, en vez de sus consecuencias ha provocado una gran confusión y preguntarán los nerviosos ¿Y ahora qué?

La CUP se ha quedado sin mambo, los del 155 sin 155 y los del diálogo sin diálogo y… en eso llegó Santi Vila y mando a callar. Estaba en el secreto. Vila es el consejero de consenso, un remedo del Artur Más de la primera época, de cara amable, no secesionista y capaz de aunar nuevamente a JxSi, cargarse a ERC y hacer florecer el catalanismo españolista de la burguesía, que tras verse superada por los hechos ha reculado en su apuesta y está mirando como reconducir la situación. Recordemos a Quevedo, que tan hábil era con el verbo, y parafraseando su célebre frase diremos que los gobernantes prometen convertir el plomo en oro y con el oro pagan los gastos producidos por la amenaza del plomo. La evidencia abruma. Cualquier cosa se hace para silenciar el delito y perpertuarlo.

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