LA INSÓLITA ESTRATEGIA DE LOS MORADOS

Pablo Iglesias y el purgatorio Podemos

Hay un objetivo de los podemitas: sustituir a la CUP como partido crucial

Pablo Iglesias y el purgatorio Podemos
Fran Carrillo (CIUDADANOS). CS

Cuando pones en el mismo tablero de la responsabilidad a Rajoy que a Puigdemont te retratas personalmente

En política, jugar al escondite de forma perpetua acaba por cansar al que siempre se esconde y por hartar al que eternamente busca.

Con la crisis catalana hay un partido que, preso de su tacticismo permanente y anclado en su populismo habitual que le empuja a conseguir rédito de cada desgracia y momento, ha decepcionado a millones de votantes, quitándose al fin la careta mediocre que tapaba su verdadero rostro: me refiero a Podemos, el partido purgatorio, que por la mañana elimina a molestos disidentes internos y por la tarde juega a demostrar que su sentido de Estado ni está ni se le espera.

El conflicto con Cataluña ha destapado sus esencias siniestras, sus peores instintos para la política barriobajera. Creen que en Twitter se decide el voto y que cada tuit es una réplica valorada, cuando sólo reciben el apoyo de sus bots (robots) y el aplauso de su clá digital.

Fuera de circulación Errejón y Bescansa, el soporte intelectual del partido queda desde hace meses en manos de Monedero, Echenique e Iglesias, quien alza la vara de mando para demostrar sus cojones de macho alfa: jarabe medicinal y estopa democrática. Mientras la estrategia la decidan ellos, España puede estar tranquila, nunca gobernarán el país.

Su equidistancia y la del resto del partido en estos días demuestra un posicionamiento político claro: la ambigüedad como eufemismo faltón de la cobardía. Cuando planteas el falso dilema 155 vs DUI estás equilibrando la legalidad contra el asalto a ella.

Cuando hablas de diálogo con los golpistas estás definiéndote en función de quién gobierne en el momento. Cuando llegados a este punto, pones en el mismo tablero de la responsabilidad a Rajoy que a Puigdemont te retratas personalmente, ideológica y políticamente.

Dante Fachín

Podemos ha acabado subsumido en ese océano de confluencias que ha inundado de ineficacia su organigrama. Ahora quieren deshacer lo que las encuestas y sondeos le hacen ver: que sin discurso nacional no hay paraíso monclovita posible, ni escaño en el Congreso que aguante.

De ahí su enésima purga, esta vez a Dante Fachín (nunca fue más atinado el cognome a un radical atribulado), líder del grupo de Catalunya Si Que es Pot en el Parlament, quien ya se ha posicionado a favor de la República catalana, y por ello ha sido apartado.

Pero la política también es paradoja. La última encuesta de Sigma Dos para El Mundo sobre el escenario electoral previsto para el 21 de diciembre denota tres claves principales: la primera es una previsible alteración de mayorías políticas, donde el bloque independentista ya no alcanzaría la supremacía en escaños (nunca la tuvo en votos) para gobernar con cierta solvencia.

La nueva CUP

La segunda es la confirmación de dos opciones polarizadoras que concurrirían de manera binaria a las elecciones. Junts pel Sí frente a Units per Catalunya (se me ocurre como nombre del bloque de unidad no independentista), la única opción que tienen los secesionistas de seguir ganando en escaños lo que no logran gobernar en votos.

La última clave es quizá, la más relevante: porque un previsible duelo electoral entre estos dos bloques dejaría a los diputados de Podemos, sobre todo a los no independentistas, como llave para configurar y decidir mayorías. Y en este escenario, ni siquiera haría falta saber el posicionamiento de la CUP, que a buen seguro perderá apoyos en votos y por tanto presencia e influencia en escaños. Siempre y cuando se presentara, que está por ver. Las urnas legales siempre les ha dado a los cuperos urticaria democrática.

Hablaba de la importancia de los diputados de Podemos en Cataluña para entender el sentido de la purga a Fachín. Iglesias quiere ser quien decida lo que pasa tras el 21D como antesala de lo que pueda suceder en España, donde ya tuvo su oportunidad y prefirió ejercer de opositor ruidoso.

La partida de ajedrez

Ahora quiere ser la CUP de este nuevo proceso, el que determine la gobernabilidad. Ha visualizado el escenario y va con todo a por él. Pero como no es buen estratega, acabará por dar un paso en falso, un movimiento que le haga perder la partida de ajedrez en la que cree que está insertada la política española.

Y ya sabemos que Pablo de ajedrez no controla mucho. Si escuchara más a Bescansa y menos a Monedero le iría mejor. Pero el ADN de hoz y martillo une en hermandad más que la sociología afín.

Decía Lincoln que se puede engañar a muchos durante algún tiempo (primera fase de Podemos), a algunos durante mucho tiempo (fase actual de Podemos) pero no a todos durante todo el tiempo (fase última del ocaso de Podemos). El «partido de la gente» (cada vez tiene más sentido el singular de la palabra) sobrevive entre el limbo tuitero y el purgatorio ideológico, marcado al son de lo que Monedero ordena entre mitines y Pablo declama en maitines.

Entre tanto, Echenique, virrey de Twitter, pasa las horas viendo cómo dar zascas al resto de la humanidad. Acabarán por convertirlo definitivamente en lo que siempre ha sido: una franquicia expandida de egos desatados, o en palabras de Borrell, una Confederación Ibérica de Izquierdas Autónomas (CIIA), que confluirá llegado el momento y se separará tras el éxtasis electoral de turno.

Hasta para ser decisivos se necesita inteligencia política. O al menos, demostrar menos tus miserias estratégicas. Hasta la siguiente purga.

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