Juan Pérez de Mungía

A Yceta le falta poner la X

A Yceta le falta poner la X
Miquel Iceta y Carles Puigdemont.

Algunos lo llaman equidistancia política, otros ambigüedad, o simplemente nada. Se trata, sin embargo de un caso de complicidad encubierta. Cuando se supone que la política es como una balanza, se sueña con el equilibrio para captar a propios extraños, la posición del fulcro. Pero el centro político tiene muchos colores; como el arco iris nadie puede identificar que significa el centro político. En el imaginario de la izquierda y la derecha el centro es el lugar geométrico equidistante en una distribución simétrica, una simétrica del cuerpo humano que puede aplicarse por extensión a decisiones y comportamientos políticos. Pero el centro geométrico es inextenso como para cualquier representación geométrica. Es decir, nada. Examinemos, pues, que significa el centro como complicidad encubierta.

El PSC siempre ha envidiado a ERC. Colabora con ERC. Es la marca blanca de ERC. Es el proveedor de votos de ERC. Representa ese centro cómplice que se ha llevado bien con CIU, luego con su confirmación y últimamente con la CUP, por aquello del amor en comunidad, el sueño perverso del que sueña dejarse arrastrar por sus pasiones. La crisis en Cataluña es profunda pero tambien ha servido para quemar la harina en la que se reboza el pescado político. Es una suerte de sopa quemagrasa, se han quemado unos cuandos acólitos del PSC, Nuria Parlón -Secretaria de la Ejecutiva Federal-, Jordi Ballart -Alcalde de Terrasa- junto con sus cinco fieles, Xavier Vera -Secretario de Organización de Manresa-, Josep Mayoral -Alcalde de Granollers- e Ignasi Giménez -Alcalde de Castellar del Vallès- y lo que te rondaré morena porque los submarinos, agentes dobles, y conversos del PSC se cuenta por tantos y tantos que el PSC corre el riesgo de contar solo con Yzeta. El PSC está trufado de independentismo como un pavo inyectado de cognac. El PSC no es federalista, es independentista con piel de cordero española, una aberración ideológica y política que denota la afasia galopante de su líder, el amante de Fredy Mercuri, Miquel Iceta.

El PSC comete errores léxicos y semánticos sistemáticos -paralexias y jerga afásica-, dice federalismo para referirse a independentismo, diálogo a sumisión política del Estado, y solución política a cesión absoluta del Estado. El hecho de aparentar equidistancia no es sino para atraer a Sánchez a esa condición en que puede hablarse de solución política sin que diga nunca en qué consiste. Este trastorno político-lingüístico trata de suplir soluciones inexistentes a los dolores de cabeza que causa al socialismo poner una vela a la nación española y otra al diablo, tirando la toalla fuera del ring del Estado. Aquí hay tongo.

Conocida es la política del PSOE en muchos lugares de España. Ya se decía en los círculos del PCE en los años finales de la dictadura, cuando asomaron la cabeza los nuevos líderes de Suresnes, que el PSOE tenía 100 años de historia y había pasado 40 de vacaciones. Y vuelta la burra al trigo porque durante los 40 años de democracia, el PSOE, en los intervalos democráticos en que ha ostentado el poder se ha caracterizado por hacer politicas de derecha mientras predicaba politicas de izquierda, ese lugar común para intentar gustar a todos para que todos acabaran hasta las gónadas de su farsa ideologica. A Yceta le falta marcar la X para comulgar con Tardá, Junqueras y hasta con Santi Vila. Tanto da uno como otro con tal de poner orden volitivo en su famoso bailes de mambo Mercuryano. No hay nada detrás, no se sabe cuales son sus propuestas sobre vivienda, empleo, infraestructuras, nadie sabe porque apoya a Ada Colau, porqué persevera en no decantarse por la aplicacion del 155 como hace Borrell y otros muchos que no les duelen prendas y saben y conocen del terrorismo del Govern.

Los jefes mafiosos no practican la violencia, van a misa y sacan la lengua para tragarse las hostias sin tocarlas con los dientes, como mandan los cánones. La mafia sigue haciendo negocios desde la cárcel, imparte instrucciones a sus sicarios, se queja de la falta de libertad y planea su venganza. Los jefes mafiosos son deidades que imparten doctrina, dicen una cosa y hacen otra, es su código, extienden la mano izquierda para ocultar lo que hace la derecha, y viceversa. Los padrinos de la mafia catalana disponen de un ejército de esbirros que amenazan, marcan e insultan a los que no siguen sus directrices, ya sea porque rotulan un comercio en catalán o porque acuden a clase en lugar de ir a pasear esteladas. Es la omertá en activo.

Yceta ha puesto una X en pactar como En Comú para así fijar un frente amplio y unirse a ERC o bien para marcar la agenda secesionista y plurinacional. Un frente para dar un tiro en la sien a todos los españoles e intentar cambiar la Constitución para reconocer el hecho diferencial y supremacista catalán, tan antiguo como el origen del dinero.

Hay catalanes de pura cepa que se sienten perfectamente españoles y observan como una minoría de ilergetes desean construir un universo de mártires, que posteriormente serán adorados en el Museo de Cataluña y paseados en el futuro como iconos en procesión desde Montserrat, los iconos del Govern, todos caganer. Los iconos se portarán en procesiones de antorchas como mandan los esbirros del nacionalismo socialista.

Estamos en campaña. No hay contenido que el que dicta la afasia política socialista y el cinismo de la clase pudiente catalana. Hace tiempo que la fe y el catecismo suplieron la ausencia de los ciudadanos catalanes que no tienen la fortuna de tener apellidos de raigambre payesa. En el PSC, como en el PSOE, no existe sino la triste y cruel realidad de un partido que para hacer honor al substantivo, se concita con otros para partir la sociedad para alcanzar el cielo mítico del pueblo catalán. Lo vienen llamando solución política, sin decir, como siempre en que consiste.

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído