Santiago López Castillo

Que lo detengan

Que lo detengan
Gabriel Rufián (ERC). PD

El parlamentario, o lo que sea, hace honor a su apellido: «hombre sin honor, perverso, despreciable» (RAE). Está clavado. Menuda prenda. No hay sesión en el Congreso en que el republicano y mastuerzo dé la nota. Han venido a eso. Él y los cutres cantamañanas podemitas. La última -es bien sabido- fue sacar unas esposas deseando que pronto las llevara Rajoy. Llamaba delincuente al presidente del Gobierno con todas las letras y eso no se puede permitir en una cámara democrática y representativa. Claro, que ¿a quién representa este pazguato e impresentable ser?
El pollo, que tanto odia a España, cobra casi tres mil euros mensuales como diputado en Cortes y 1.400 € como portavoz de Ezquerra Republicana de Cataluña. Joder, con los pobres regeneracionistas. El pollo, añado, no sabe ni leer y es el parlamentario mas bochornoso que he visto en mi larga etapa -treinta y tantos años me contemplan- como director parlamentario de TVE en las Cortes. Claro que en la República (santos varones) la bancada de izquierdas sentenció a Calvo-Sotelo y a los dos días fue asesinado.

La presidenta de la Cámara Baja, Ana Pastor, brillante ministra de Fomento y aves por fomentar, le llamó en voz baja a capítulo. No. Debió ser expulsado del hemiciclo ipso flauto. La regidora es una más de los acomplejados de la derecha. Teme que la llamen facha y se lo dicen igual haga lo que haga y diga lo que diga.

Bueno, pues este elemento que nos deleita con sus coces de pata de banco tuvo un abuelo que hizo la mili en Melilla, Juan, y se con honró llevar el uniforme militar español. A lo que se ve, todo mediocre tiene un abuelo histórico. Sin ir más lejos, Rodríguez Zapatero con su capitán Lozano que tanta memoria histérica nos creó y fue un traidor a la patria de tomo y lomo.

Gabriel Rufián, o sea, el elemento que sacó las esposas para ridiculizar al ministro Zoido, un blandito titular del ramo, y de paso, y principalmente, a Rajoy, es considerado como un charnego por los independentistas al pertenecer a una familia andaluza, de Jaén, aceituneros altivos; los que él con tanta energía defiende. Y es que, como lo vengo comentando en estas columnas, los más radicales son de la geografía interior, los mismos que Jordi Pujol despreciaba -y seguro que explotaba- cuando decía que los españoles éramos la peste y el estercolero, y no digamos los andaluces, «miserables e indeseables».

El Rufián de estos epítetos, sabe que charnego ya no es un insulto sino «español». Oído…

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