Victor Entrialgo de Castro

Rehenes de unas pocas sectas

Rehenes de unas pocas sectas
Víctor Entrialgo de Castro, abogado y escritor. PD

Hastiados de ver un dia tras otro a personajes impresentables cobrando de nuestras instituciones y usurpando un espacio público inmerecido para destruir o dividir su propia Nación, algunos ciudadanos zanjan el debate con la frase: es lo que hay, los eligió la gente.

Pero si una banda de desocupados, de delincuentes o incluso de música, se organizase como partido o agrupación de electores con el dinero de amiguetes, nacionales o extranjeros, también saldría elegida, y seríamos igualmente rehenes o nos veríamos de la misma manera obligados a escuchar la misma canción una y otra vez, ad nauseam.

Aunque se trate de una organización o secta de mucho años, como el pujolismo, la representación no es eso. No puede ser que tengan que pasar cuarenta años para que por denuncias desde dentro, el pueblo se entere de que le llevan robando todo ese tiempo. O que para salir de esa bancarrota otros sigan teniendo en vilo a la Nación, llegando a proclamar incluso una República para enterarnos al dia siguiente que era una farsa más, otro trampantojo. Que los que huían de su República, al dia siguiente su Presidente quería ser candidato a las elecciones de la Monarquía.

Tenemos que elegir a nuestros representantes, uno a uno. Ahora resulta que los miembros separatistas del antiguo Govern catalán que saludaban con gestos victoriosos a los suyos a la entrada de la Audiencia nacional, los ex consellers Rull y Turull, ahora quieren salir de prisión por el hecho de acatar la Constitución. Algo obligado para todo ciudadano español y no digamos si ostentas cualquier función o cargo público.

Pretenden que acatar el 155 les baste para salir de la cárcel. Pero el que deben jurar no es el 155 sino el 2, el que vulneraron, el que no debieran olvidar, el que dice que la Constitución se fundamenta en la unidad indisoluble de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles. Por ahí, irían mucho mejor. Por ahí empieza el diálogo. La Constitución y la ley, junto con un sistema de representación perfeccionado, son las armas con las que los españoles debiéramos contar para no ser rehenes de unas pocas sectas.

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