Antonio Sánchez-Cervera

El Brexit inglés y el Catalexit catalán

El Brexit inglés y el Catalexit catalán
Antonio Sánchez Cervera.

Ambos procesos de desconexión tienen en común toda una cadena de mentiras y falsas promesas en qué basarse.

Se trata de separaciones forzadas a calzador, generadoras de incertidumbre, que no solo cortan la inversión económica de sus respectivos territorios sino que además dañan las relaciones comerciales. Son como un torpedo en la línea de flotación del mundo empresarial y del trabajo.

Si el referéndum inglés se ganó apuradamente con embustes, ficciones y falsedades en detrimento de la población más joven y productiva, el clandestino referéndum catalán, ilegal a todas luces, fue una chapuza callejera que agitó las emociones de muchos y que burdamente sirvió para que los pícaros manipulasen unos falsos resultados que ya estaban previamente acordados por las cabezas ejecutantes de la tropelía antidemocrática.

Obviamente, en el uno y el otro ha existido mucha hipocresía.

En el Brexit, por ejemplo, invitaron a votar para controlar las fronteras pero, antes al contrario, se crea una que no existía con anterioridad con Irlanda y, para mayor inri, ahora no se quiere controlar. Para los brexiters la vida sería maravillosa fuera de la UE

En Cataluña, los independentistas que manejaron la consulta ilegítima prometieron conseguir la libertad del Estado que les tenía enjaulados. Para los rupturistas la ansiada libertad traería la prosperidad que tanto necesitan pues todos, de una u otra forma, querrían ir a la Cataluña fuera de España.

Los dos partían de un espejismo que se antojaba como de un oasis resplandeciente, único, autosuficiente y aislado del resto del mundo.

Europa no interesa, decían los brexiters. España no nos atrae, clamaban los independentistas catalanes.

Ahora bien, los británicos partidarios del Brexit mantienen, al menos dignamente, un respetuoso patriotismo por su país. Los secesionistas en Cataluña, al contrario, ni siquiera meditan y valoran los cientos y cientos de años que llevamos y vivimos juntos, los lazos permanentes de unión que quieren romper para, y entre otras cosas, tapar obscenamente las vergüenzas y corruptelas de una clase dominante que ha atizado el fuego del odio y del rencor, el adoctrinamiento de muchos de los profesores y hasta la manipulación de los escolares.

El Reino Unido se respeta. La enfervorizada Cataluña independentista ni considera a los mismos catalanes que no piensan igual, ni sus políticos sostienen la apostura al claudicar miedosamente ante el 155, aunque en el fondo, simultáneamente, estén haciendo manualmente la peineta al acatar aparentemente el marco constitucional.

Si el Brexit pudiera ser un error fatal, el Catalexit es un proceso profundamente desleal con el Estado de Derecho que conforma España.

Por cierto, los partidos independentistas catalanes qué ofrecerán para que se les vote el 21-D: ¿otra independencia? ¿dialogar para obtener la independencia? ¿un referéndum de independencia pactado? ¿mucho amor?…

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