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¿Cupo o cuento?

¿Cupo o cuento?
Dinero y poder

En estos tiempos, en los que parece que van a cambiar cosas importantes en nuestro país, otras, teóricamente secundarias pero dañinas, seguirán intocables, con un halo casi sagrado. Es curioso.

Es muy probable que se modifique nuestra Carta Magna. Para unos, que por lo que parece no han echado un vistazo a las constituciones de los países de nuestro entorno, con tan solo treinta y nieve años, ya es vieja, y por tan solo este hecho hay que modificarla. Para otros es la moneda de mercadeo para ajustar los intereses de unos cuantos en nombre de la unidad nacional. Sin embrago, seguirá intocable el cupo vasco, cuyo origen son unos fueros que se pierden en el tiempo, que en este caso, y en comparación con lo que opinan algunos de la Constitución, ha sido su elixir de la juventud. Prueba de ello es que establecido, en su versión moderna hace ciento cuarenta y un años, con carácter provisional, sigue vigente.

Ciñéndonos estrictamente al aspecto económico, se puede decir que tal como se configura, supone una sangría para el Estado. Expertos en la materia que critican el cupo, exponen que, desde un punto de vista técnico, el problema reside en el método para calcularlo. Un escollo es la cuantificación del peso que tiene el País Vasco en el Estado; calculado en 1982 y mantenido invariable hasta la fecha, lo cual a todas luces, no tiene sentido, pues es evidente que ha variado notablemente desde aquel año. Por otra parte, está la acusación de que todo es un juego de malabarismo de cifras, que primero se acuerda políticamente la cantidad, y después se recompone el puzle. En otras palabras, que en verdad es un instrumento para mantener calmado al País Vasco, y que sus diputados apoyen al Gobierno de turno cuando éste lo necesite. Así no es de extrañar que el principio de acuerdo logrado, incluya su renegociación, en secreto y en Comisión Mixta, si se aprueba una reforma de la financiación autonómica, lo que evidentemente es una medida totalmente política, pues según parece, el cupo supone que el gobierno vasco dispone de algo más del doble de recursos que los demás.

Cierto que el fundamento del cupo está en la Disposición Adicional Primera de la Constitución, pero ésta también recoge otros principios tanto o más importantes para todos lo españoles que el célebre cupo. La igualdad (arts. 9.2 y 14); un sistema tributario justo, igual y progresivo (art. 31.1); solidaridad, equilibrio económico adecuado y justo (art. 138.1); los estatutos de las comunidades no pueden implicar privilegios económicos (art. 138.2).
En definitiva, el mantenimiento del cupo, por lo menos en su configuración actual, supone un agravio comparativo para los españoles no vascos, que aunque basado en la Constitución, también la vulnera.

¿Soluciones? Hay dos. O bien se suprime, dado que atenta contra derechos de los ciudadanos recogidos en la Carta Magna, o bien se establece en todas las Comunidades Autónomas, lo que implicaría la efectiva igualdad de todos los españoles.

Así, actualmente, parafraseando al cerdo Napoleón de la obra de Orwell, «todos los españoles somos iguales, pero unos más que otros».

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