NO ES UN PACTO DE SUICIDIO

José María Carrascal: «Tras el fracaso del último asalto secesionista, lo intentan ahora reformando la Constitución»

José María Carrascal: "Tras el fracaso del último asalto secesionista, lo intentan ahora reformando la Constitución"
Pedro Sánchez (PSOE). EP

«LA Constitución no es un pacto de suicidio» es uno de los lemas más reverenciados del constitucionalismo norteamericano.

Se atribuye a Jefferson, pero tiene varios padres, siempre en el sentido de que la carta magna no puede usarse para destruir la nación, aunque su sentido literal parezca autorizarlo.

Una constitución, por más que se la interprete, nunca podrá servir para destruir una nación, al estar hecha para mantenerla viva.

Me viene a la memoria ante los variados esfuerzos en marcha para acabar con España a través de su Constitución. Que la del 78 tiene fallos, está a la vista. Que necesita ser reformada es, por tanto, de cajón.

Pero todas las reformas que se proponen tienden más a debilitar el Estado español que a fortalecerlo. Empezando por la más cacareada de todas, la del PSOE, con el federalismo como Bálsamo de Fierabrás para acabar con todos los males de España, cuando estuvo a punto de acabar con ella en la Primera República, al hacerla estallar en cantones que incluso se declararon la guerra entre sí.

Y no les digo nada si se le añade lo de «asimétrico», que tanto gusta a los socialistas catalanes. El plan de Iceta se reduce a eso: a dar a Cataluña los privilegios fiscales del País Vasco y Navarra, a costa del resto de los españoles, aunque eso se lo calla. Algo parecido busca Urkullu con su propuesta.

Reconozco que al oírla me descolocó: «¿El lehendakari vasco pidiendo para todas las autonomías los privilegios fiscales que tiene la suya, después de haber defendido a cara de perro esa exclusividad?

Aquí hay algo que no cuadra», me dije. Y claro que lo había. Me bastaron unos minutos para comprender la trampa: Urkullu acoraza su «cupo», que va contra la igualdad de los españoles, ofreciendo sus privilegios a todos ellos, sabiendo que no puede llevarse a la práctica, porque España caería en bancarrota al día siguiente.

¿O es eso lo que realmente busca, la «nación de naciones», para acabar con España?

No está solo en tal empeño. Si se fijan, todos los planes de nacionalistas, podemitas y antisistemas tienen como denominador común la vuelta a los reinos de Taifas medievales (los reinos cristianos incluidos, que también lo eran), es decir, a retrotraernos a antes de 1474, cuando, Castilla y Aragón se unieron, creando el Estado Español, que dura hasta hoy.

Ya que no pueden destruirlo por la fuerza, intentan hacerlo a través de su Constitución. Algunos de ellos con la bandera en la solapa. Son los más peligrosos, pues está visto que ni el nacionalismo ni el izquierdismo solos son capaces de romper los lazos de sangre, tradiciones, virtudes y vicios comunes forjados durante cinco siglos.

Tras el fracaso del último asalto secesionista, lo intentan ahora nada más y nada menos que reformando la Constitución. Jeta, desde luego, no les falta.

De ahí que me haya parecido oportuno recordar la máxima constitucional norteamericana. A fin de cuentas, tienen la misma constitución por más de 200 años, repitiendo que no es un pacto para suicidarse.

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