La duda es si el prófugo regresará o no a España

Salvador Sostres: «Puigdemont languidece y Rovira se hunde»

Salvador Sostres: "Puigdemont languidece y Rovira se hunde"
Carles Puigdemont, expresidente autonómico de Cataluña, en Bruselas. EF

La gran duda de la campaña sigue siendo si Carles Puigdemont querrá hacer en la próxima semana algún tipo de espectáculo relacionado con su regreso a España.

En el PDECat apuntan que este asunto se trataba antes en las reuniones de trabajo entre el partido y la candidatura, pero que ahora el expresident corta en seco la conversación cuando sale el tema.

Lo que sí parece tener decidido, es volver si gana, asumiendo que va a ser detenido pero convencido de que la Ley le permite acudir al Parlament y ser «president» mientras no haya sentencia firme en su contra.

Pero también sabe que si pierde no tendrá más opción que vagar por Bélgica. No por el mundo entero, exceptuando España, como algunos creen: sus abogados le han recomendado, por ejemplo, que no entre en Francia -contra el deseo de Puigdemont de protagonizar un acto de campaña en la «Cataluña norte»- porque se trata de un país con un sistema legal mucho más serio que el belga y España podría tramitar una nueva euroorden de detención que podría ser atendida en cuestión de horas.

En cualquier caso, el PDECat espera con ansia que pase el 21-D para centrarse en su antigua vocación mayoritaria a partir del año que viene, cuando Puigdemont esté ya amortizado y sea hora de volver a la realidad como hizo tras Ibarretxe el PNV.

Saben que no lo tendrán fácil, porque siempre a la masa le cuesta despertar de las ensoñaciones, y porque el grupo parlamentario que resultará de las elecciones está trufado de pintorescos personajes sin ninguna experiencia en la política. El horizonte judicial de Convergència, colapsado por sus múltiples causas, tampoco les augura nada bueno.

Esquerra insiste en público en que su candidato hasta el día 21 es Oriol Junqueras: y Marta Rovira no les ha funcionado cuando ha tenido que tomar las riendas de la campaña. Por eso intentan resguardarla al máximo y prepararla lo mejor posible para las apariciones que no pueden esquivar, como el debate del próximo lunes en TV3. El exconsejero de Justicia Carles Mundó podría ser el presidenciable del partido si Junqueras no sale.

Tras una semana aturdidos, los republicanos remontan ligeramente en las encuestas. Entienden que si se divide el voto independentista ganará Ciudadanos: sus sondeos internos sugieren que si las elecciones se celebraran hoy, Arrimadas ganaría en votos, aunque todavía ERC se impondría en número de escaños.

Igualmente, están convencidos de que si Junqueras sale pronto de Estremera, tendría segura la victoria, aunque su abogado sólo le ha concedido un 10% de posibilidades de que ello suceda antes del día de las elecciones.

El mensaje que sin ningún disimulo mandan los líderes de Esquerra, a pesar de las soflamas incendiarias de Marta Rovira, es que con Puigdemont sólo puede haber un gobierno separatista, y que si ganan ellos es posible un abanico más amplio y alianzas variables en el Parlament.

El enfrentamiento es total entre convergentes y republicanos. Los empleados públicos del Estado encargados de aplicar el artículo 155 se sorprenden de cómo se desprecian entre ellos, y de cómo se puentean y traicionan y rivalizan para ganarse su confianza, cuando se supone que son «los enemigos de Cataluña».

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