Raloch

¿Qué hacemos?

¿Qué hacemos?

A la vista de los resultados del 21D, creo que esta es la pregunta del millón.

Unas elecciones libres y con todas las garantías, han arrojado unos resultados que, analizados en su conjunto, no esperaban ni constitucionalistas ni independentistas, por mucho que estos últimos digan, a toro pasado, que los preveían.

Se plantea el panorama que contemplaba en un artículo escrito hace un mes. En definitiva, hay un bando ganador en votos, (considerando que la marca blanca de los morados actuará siempre como constitucionalista, hecho que tendrá que demostrar). Hay otro que lo es en escaños. Ambos están bastante divididos, y en eso originará, en los dos, ya las hay, luchas internas por llevar la voz cantante.

¿Cuál va a ser la consecuencia? Me temo que una degradación de la convivencia, y el acentuamiento de algún extremismo, con todo el peligro que ello conlleva.

Aunque solo tienen el apoyo de poco más de la tercera parte del censo electoral, y que el partido más votado, constitucionalista, sacó casi cuatro puntos al primer independentista, a los secesionistas les toca formar gobierno.

Si de algo sirven los fracasos, es para aprender de ellos con vistas al futuro, pero nosotros no aprendimos de los pasados.

El gobierno en un ejercicio de postureo, ha estado jugando al ogro que asusta a los niños malos. Como gran cosa, aplica un 155 que en la práctica solo sirvió para destituir al gobierno catalán, pero dejó intacto el aparato secesionista. Es comprensible, pues según el ministro del ramo, la educación, (caldo de cultivo de la situación), solo presentaba problemas puntuales. Los medios de comunicación pública, convertidos de hecho desde hace tiempo en aparatos propagandísticos privados, no se tocan. Menos mal que según la vicepresidenta, «los independentistas no tienen líderes porque están descabezados». ¿Se imaginan lo que hubiese pasado si llegan a conservar la cabeza?

El principal partido de la oposición, se ha perdido en mensajes abstractos sobre lo que haría, al tiempo que a su representación en la comunidad, para auto convertirse en la solución ideal, solo le faltó ofrecerse a pagar la fianza de los golpistas encarcelados y a costear su defensa.

Nos guste o no, habrá un gobierno independentista en Cataluña. Lo preocupante es que ellos saben muy bien lo que hacen, y los dos principales partidos nacionales parecen que están en el limbo, que ni las huelen.

Nos repiten hasta la saciedad, que la comunidad se hundirá económicamente, poniendo como prueba la huida de empresas. No lo tengo tan seguro. Los inversores, el capital, lo que quiere es seguridad política y jurídica, quien mande es secundario para ellos, el dinero tiene el mismo color para todos. En caso de independencia, Cataluña lo pasaría mal unos años, pocos, en cuanto la situación se estabilizase política y jurídicamente, el dinero volvería, reúne condiciones para ello. Igualmente, en cuanto uno o dos países la reconociesen, muchos seguirían el mismo camino, pues su situación en el Mediterráneo es envidiable; no es un territorio atrasado, perdido entre otras naciones.

¿Qué hacer? Actuar respetando la legalidad sí, pero aplicar la ley con toda contundencia a la menor violación de la misma, cualesquiera que lo hagan. No dejarse chantajear. No conceder más privilegios en nombre de la concordia. En definitiva, gobernar seriamente para la mayoría, respetando las minorías, aunque eso obligue a tomar medidas que no gusten a algunos, o te llamen facha (lo que provoca pavor al gobierno y los que se lo llaman lo saben). Si te atacan, que lo harán, que sea por algo, no gratuitamente. No es un facha quien actúa legalmente, según leyes aprobadas en un parlamento elegido democráticamente, que emana de una Constitución democrática.

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