Santiago López Castillo

Alta traición

Alta traición
Santiago López Castillo. PD

Carmen Forcadell se comportó como una plañidera. Se puso de rodillas y el carcelero le abrió la verja. Los energúmenos Puigdemont y Junqueras no paran de ofender a la Justicia y, como consecuencia -un decir-, piden que ex carcelen a los auto denominados «presos politicos», joder qué morro (por cierto que el ex vicepresidente -hablemos cristiano- cada vez se parece más a Polifemo). No sé lo que le hubiera pasado a usted, quiero decir a un servidor, si hubiésemos faltado al respeto a los magistrados del Supremo. Demasiado prudentes son. En la letanía independentista figuraba el lío o sublevación por la encarcelación de los ex de la Generalidad. Lío o protesta a la que se sumaba toda esa prensa irresponsable, retro-progre, a la que tanto se adhiere Julita Otero, la charnega que obligó a Herrera dejar Onda Cero, éste más aficionado a las artes culinarias y al papeo gratis total, tripero de la tripería. Todos, toditos, todos, firmaron y rubricaron que existía un pacto con Rajoy para ex carcelar al reo independentista. Mentira podrida.

Nadie, en cambio, entonó el mea culpa al fracasar en sus vaticinios. Nadie tampoco destacó en sus medios que hasta Amnistía Internacional certificó que los separatistas eran traidores a la Patria (aún lo que quede de ella) y no «presos políticos», máxima que exhiben esos derrapados, de barba blanca y rala, como son los Jordis, a los que debemos de esquivar si nos los encontramos por la noche.

La alta traición está penada en no pocos países occidentales, incluidos nuestros vecinos Francia, Italia, Bélgica y no digamos Estados Unidos, cuyas penas se pasean angustiosas por el corredor de la muerte. En España, quedó abolida la pena capital con el art. 15 de la Constitución, «salvo lo que dispongan las leyes penales militares en tiempos de guerra». Que si los hechos de los secesionistas catalanes son constitutivos de delitos como sedición o rebelión, para usted, que no es un portento en leyes, le parece una cuestión semántica. Ha sido -y seguirá siendo, y si no al tiempo- un golpe de Estado en toda regla. Claro que propiciado por unas fuerzas de izquierdas que miran con odios de izquierdas y si no fíjense cómo se le quedó de tuerto un ojo al Polifemo de Junqueras. A Tejero, ¡todos al suelo! (yo estaba allí haciendo la transmisión para TVE, la única e inigualable del país, claro), le cayó -a él, claro- una condena de 25 años y no mató una mosca pero pudo hacer una escabechina.

En este sentido, siempre colegí que si ETA (y la padecí con sus amenazas en los «tiempos del plomo»), hubiera sido una organización de derechas habría durado menos que un chupa-chups a la puerta de un colegio. Los trapisondistas sediciosos buscan un muerto con todas sus ansias aprovechando que los legionarios están a dieta. En España, como se ve, no cabe un tonto más.

Tenemos cuerda para rato.

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído