DEPENDE

Luis Ventoso: «¿Rivera presidente? Apostaría una mariscada a que…»

Luis Ventoso: "¿Rivera presidente? Apostaría una mariscada a que..."
Albert Rivera, lider de Ciudadanos (CS). EF

HACE unos tres años, en una cena formal, me tocó sentarme con una joven aristócrata que hablaba ex cathedra y con un curtido hombre de prensa, de atildada etiqueta y mirada de águila.

Charlamos de política. En términos concluyentes, ambos vaticinaron: «Rivera será presidente en un año». Cuando farfullé mi pronóstico y dije que veía Mariano para un rato, los oráculos me miraron como si fuese un pánfilo soltando una bisoñez.

Corría 2015, pero parece que quien sigue desayunando en La Moncloa es «Don Tancredo», el indolente, el que «nunca hace nada». Mientras tanto, Rivera, Le Petit Macron, continúa siendo un magnífico orador, que defiende con elocuencia ideas básicas y bienintencionadas (más o menos las mismas que con menos y más corrupción postula el PP), pero cuyo partido en realidad no gobierna en ningún sitio.

No hubo mandatario de peso en Europa que sobreviviese a la erosión de la crisis, salvo Merkel y Rajoy. Eminencias como Gordon Brown, Sarkozy o Renzi se quedaron en la cuneta.

Así que alguna habilidad deben tener la tranquila científica salida de la RDA y el «amarrategui» registrador de Pontevedra. Ahora el golpe separatista ha vuelto a poner en entredicho a Rajoy, con una novedad alarmante para el PP: fuga de votos también por su flanco derecho.

La parsimonia del presidente y su segunda al aplicar el imprescindible 155 ha provocado que muchos votantes del ala más conservadora del PP digan que apoyarán a Rivera, porque defendió a España con más vehemencia y menos titubeos.

A ellos se suman los que ya se habían pasado a Ciudadanos desde el centro popular, abochornados por la corrupción y decepcionados porque el partido no acabe de modernizarse a fondo (ver todavía en sus sanedrines a perfiles tipo Arenas hace suspirar a muchos profesionales liberales jóvenes).

Las encuestas marcan estos días que Rivera ganaría unas generales. ¿Será entonces el próximo presidente? Depende. Pero tal vez me apostaría una opípara mariscada, regada con el más selecto godello, a que no.

Se entiende la fatiga con Rajoy: su cámara lenta a la hora de reformar, esa abulia de ni haber designado candidatos a un año de las municipales y autonómicas, su alergia a la comunicación y el debate de ideas (tal dejación de funciones dejó la cancha libre durante años a personajes de discurso tan majadero como Junqueras, Iglesias o Puigdemont).

Sin embargo existen tres factores que juegan a favor del PP.

El primero es puro rajoyismo: falta todavía tiempo.

El segundo es que, llegada la hora de la verdad, el núcleo duro de electores del PP no votará a un Rivera que dice que le da igual apoyarse en Sánchez que en los populares.

El tercero, el más importante, es que Rajoy siempre podrá pulsar el botón de emergencia y hacer lo que ya debió haber hecho: dejar paso a Feijoo como próximo candidato.

Y aquí sí me juego la mariscada: Rivera no le ganaría unas elecciones a Feijóo, porque a perfiles similares -los dos saben predicar- uno está testado como gobernante y el otro no. ¿Vicepresidente Rivera? Eso puede ser. Pero los suflés suben y bajan. Pregúntenle a Iglesias Turrión…

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