Santiago López Castillo

Alo, President?

Alo, President?
Santiago López Castillo. PD

No están bien de la chaveta. Como son de la misma viruta y mollera, el prófugo y sus mariachis quieren rendir culto al chavismo, ese desvarío de la mente que corre por los sumideros de la izquierda, y nada mejor que aquel bodrio de adoctrinamiento de «Alo, president?» para el nene y la nena. Estos bufos son los que se reían del plasma de Rajoy y de su escasa valentía. Joder con el prófugo presidente virtual y proctológico (ver RAE), que ya no es mosso de escuadra ni cartabón de la plana. Es, amigo Companys, un cobarde de tomo y lomo y que se sigue autodenominando «president en el exilio». Valiente mamarracho.

El tal Puigdemont debe ser uno de los mocosos que aprendió la virtual historia de Cataluña por correo electrónico incluido el libro infantil «Antoñita la fantástica». Y no le sacan de su ciber-espacio. La ha cogido meona y seguro que en su retrete tiene un espejito mágico en el que se resalta el Parlament repleto de barretinas y longanizas en permanente ovacion. ¿Quién es más guapo que yo? Ni aun lavándose su sucia cabellera. Sueña con la coronación a lo emperador de la república catalana. Y no se arredra. Claro, que una cosa es graznar en la lejanía y otra distinta ponerse frente a la toga de un juez «injusto», claro -calificativo preferido por esta manada de descerebrados que están llevando a la ruina a una de las regiones más prósperas de España, entre otras políticas por las que llevó a cabo el dictador Franco, como ellos dicen, al igual que las Vascongadas.

– ¿Y usted cree que pisará suelo español?
– Ni aunque lo rieguen con cava bendecido por el obispo de Montserrat.

Él quiere seguir montando el pollo. O la gallina, más propiamente dicho por sus actitudes tan pusilánimes. En todo caso, se da el piro a Rumania de donde, al parecer, es su mujer (el sexo en España tiene aires del Este), y, de paso, visitará la momia de Ceacescu que fue un demócrata de toda la vida. De cualquier forma, la función va a empezar. Con actores de muy escaso pelaje, y con unas mujeres feas, algunas con corte de pelo a tazón, cuando usted, que soy yo, siempre ensalzó a las catalanas en mis frecuentes veraneos en la Costa Brava como aquel «Diez Minutos» en que me resaltaron con este título: «Las catalanas me van».

Estos merluzos, por no decir gilipollas, siguen desafiantes, directos a la ruina, a la puta mierda. Y, como alguien dijo, nunca es saludable echar leña al fuego, y menos en esta España del siglo XXI. A la que cuatro independentistas nos roban.

PD.- Rajoy, que es un buen parlamentario, y que para mí es un tipo honrado, debería no rebelar sus intenciones sobre el art. 155 del que los separatistas se mofan aunque tengan que tirar de la cadena…

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