Situación del país

Raloch: La actual España medieval

Raloch: La actual España medieval
Autonomías, separatismo, nacionalismo y subvención. Maximino Soriano.

Es curioso el resultado al que llegamos, si hacemos una comparación entre lo que eran y cómo funcionaban los países en la Edad Media, y nuestra querida España en la actualidad.

En la citada época, a la cabeza de los estados estaba el rey, que casi siempre tenía poderes absolutos. El primer Parlamento, reconocido como tal recientemente por la UNESCO, fueron los Decreta de San Isidoro de 1118, consideradas por la citada institución como las primeras Cortes de la Historia en el mundo.

No obstante, esos poderes absolutos eran con frecuencia más nominales que reales, en relación al funcionamiento del estado, no con respecto al pueblo. Efectivamente, el trono se mantenía en muchos casos por su alianza con los señores feudales, denominados vulgarmente señores de horca y cuchillo. El rey frecuentemente contaba con el apoyo de unos, en contra de las ambiciones de otros. Si esos señores eran fuertes, y muchos lo eran, el reino funcionaba en base a un principio no escrito: el rey, reina, pero en mi condado mando yo.

Para mayor desconcierto, las alianzas eran bastante volubles, dependiendo de las conveniencias particulares o circunstancias del momento. Esa problemática se unía a la necesidad de tener contentos, al tiempo que vigilados, a los cortesanos de su círculo cercano, para que ninguno intentase quitarle el trono, lo que hacían en base a concederles toda serie de prebendas.

Llegada la democracia a nuestro país, de la primera idea consistente en reconocer las particularidades históricas de algunas regiones, se pasó al conocido «café para todos», y se crearon las comunidades autónomas, a las que el gobierno central transfirió la mayor parte de las competencias, reservándose tan solo las imprescindibles para que el Estado pudiese funcionar como tal.

Al principio el entramado constitucional marchó aceptablemente, estaba latente el miedo a una involución política, y eso llevó a los políticos a ser cautos.

Con el paso del tiempo el sistema se consolidó, el miedo desapareció, y empezaron a emerger los problemas inherentes al mismo, generados por ambiciones partidistas y personales.

Cada comunidad comenzó a legislar por su cuenta, en las materias que tenía transferidas, como le venía en gana, sin preocuparles el mantener una mínima uniformidad a nivel de estado, lo que hubiese sido racional y muy conveniente para los ciudadanos. Por ejemplo, se quiere montar un negocio en una comunidad y las normas son estas, en la de al lado son otras. Pero ¿para qué preocupase?, la plebe es la plebe, el gobierno central gobernará, pero en mi comunidad mando yo.

Al mismo tiempo el gobierno del Estado, dadas las pocas competencias que se reservó, se ve obligado con frecuencia, a buscar el apoyo de una u otra comunidad para sacar adelante sus actuaciones. Eso es vergonzoso, pero lo es aún más que para tener el apoyo puntual de una comunidad, apoya una medida que quieren sus barones, y esa misma la rechaza en otra.

El tema se complica aún más con la permanencia de las diputaciones provinciales, convertidas en unos mini feudos, con unos jefes a los que cada barón autonómico tiene, a su vez, que mantener contentos, pues con frecuencia y máxime si son del color político del gobierno central, se los saltan alegremente..

Para completar el panorama, el dirigente de cada partido tiene que cuidarse de que ningún cortesano (entiéndase integrante de su estado mayor), quiera arrebatarle la poltrona, para lo cual reparte puestos (prebendas), y así vemos a personas ocupando varios importantes de responsabilidad. O el día tiene para ellas cincuenta horas, o son súper genios de mentes privilegiadas.

España, ¿Siglo XXI o Medievo?

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