Víctor Entrialgo de Castro

El juego de la oca

El juego de la oca
Víctor Entrialgo de Castro, abogado y escritor. PD

Nos deben 86 millones que hemos tenido que gastarnos en imponer la legalidad que los demás respetamos sin costar un duro. Los dirigentes separatistas han ido de oca en oca durante 40 años para caer al final en el laberinto, en la cárcel o en el pozo y tener que volver a la casilla de salida. El Gobierno Rajoy ha dicho que no iban a mover ficha ni a avanzar en su juego, mientras se dejaba tomar el pelo.

Cuando el anterior golpe de Estado un microbús de la guardia civil esperaba a los golpistas a la salida del Parlamento para llevarlos a prisión. Ahora, en lugar de hacer lo mismo, permitieron la huida ante un delito flagrante y anunciado y el desafío continúa.

Todavía no sabemos si van a retroceder casillas o van a volver a saltar de ilegalidad en ilegalidad. Pero el cobarde que huyó y los dejó tirados, quiere ser de nuevo presidente. Una sociedad que, en lugar de una oca, prefiere a un gallina como capitán de las sardinas, se valora muy poco. De dados y dados y tiro porque los tengo cuadrados. Hasta que llegan a Estremera, donde pasan a rezar el rosario y hacer solitarios.

En esta historia interminable ahora se proponen nombrar a un vagamundos, a un huido de la justicia que busca un nombramiento para negociar las condiciones de su entrega y encarcelamiento. Si no le nombran vagará como un espectro hamtletiano hasta perder el juicio en su ensoñación. Si obtiene el nombramiento tratará de negociar el juicio y el indulto en un mismo pack.

El nuevo presidente del Parlamento, de treinta y tantos años, se une al grupo de imberbes que han pasado de la oca al parchís, a comer bien y contar veinte. Sólo una época y una sociedad decadente puede elevar a gente sin oficio y sin experiencia a las más altas responsabilidades políticas.

Yo soy muy de Macron, que también llegó por la crisis del bipartidismo francés, de Trudeau y algo menos del presidente austriaco, que con apenas 30 años, da miedo. Pero estamos hablando de cosas harto diferentes. Esta gente está muy preparada. Cosa muy diferente de lo que sucede aquí. Trump y este dominó de pueblo que tenemos aquí, dicen muy poco de nuestro tiempo. Dios, decía Einstein, no juega a los dados, pero esta tropa lleva jugando demasiado tiempo al parchís y a la oca.

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