DEL DEBER

Luis Ventoso: «Desde ayer esa niña se convirtió en una adulta con una exigente tarea»

Luis Ventoso: "Desde ayer esa niña se convirtió en una adulta con una exigente tarea"
La reverencia Leonor ante su padre, el Rey Felipe VI. YT

CON doce años, la niña rubia, de ojos azules y manifiesta cara de buena, empieza a ser consciente de que su vida discurrirá entre diques. Nunca podrá vivir en un piso anónimo de cualquier capital de provincia y hacer algo tan sencillo como bajar a tomarse un café a solas en un bar de barrio.

Siempre habrá cerca un escolta (y probablemente un paparazzi pegajoso). Nunca podrá ser candidata en unas elecciones, ni escribir un comentario con su nombre en una web, y muchos menos una tribuna de opinión.

No podrá explicitar jamás sus simpatías políticas, ni desempeñar una profesión al uso. No podrá tenderse al sol en una playa, salvo que sea extremadamente aislada y solitaria.

No podrá conversar en sociedad con soltura absoluta y sin el corsé de la prudencia, ni siquiera en corrillos de apariencia amical, pues siempre podrá haber una lengua expansiva que replique sus comentarios, o un canalla que los sesgue.

Soportará con la mejor sonrisa actos plúmbeos e interlocutores plomos. Transitará por la vida consciente de que todos sus actos son escrutados y evaluados. Portará el peso de la historia.

Muchos deberes. También privilegios. El honor de encarnar la primera magistratura de una nación valiosa, que fue el mayor imperio que ha conocido el mundo cuando ya lo regían sus antepasados, de los que desciende en un árbol genealógico que resume la historia de España.

El confort de la vida palaciega y la ayuda de los asistentes. La oportunidad de recibir una educación excepcional y de departir con las mayores personalidades del orbe. La tranquilidad de una subsistencia resuelta, sin las apreturas de tantas familias. El respeto de una inmensa mayoría de su pueblo y la oportunidad de ayudar al país en horas críticas, tal y como hizo su abuelo ante el golpe de Estado de 1981 y su padre frente al del pasado octubre.

A sus 12 años, la Infanta Leonor se convirtió ayer en adulta, toda vez que su padre le recordó en público lo que se espera de ella desde ya: «Todas tus acciones deberán guiarse por el mayor sentido de la dignidad y la ejemplaridad, por la honestidad y la integridad, por la capacidad de renuncia y de sacrificio, por el permanente espíritu de superación, y por tu entrega sin reservas a tu país y a tu pueblo».

También le pidió «humildad» y hacer suyos todos los anhelos y preocupaciones de los españoles. Unas pautas excelentes, que a los que somos sentimentales nos recordaron las que Dylan dio a sus hijos en «Forever Young»:

«Que crezcas siendo buena persona y siendo fiel. Que siempre digas la verdad y veas la luz de los demás. Que siempre seas valiente y permanezcas firme y fuerte. Que seas por siempre joven».

Si asciende al trono a la edad de su padre, Leonor será reina en 2050. El mundo presentará una faz irreconocible tras el despegue de la inteligencia artificial y la biotecnología, una revolución que solo ha comenzado.

Pero el péndulo moral será el mismo: el bien o el mal. Ahí, y en su inteligencia política, se definirá la valía de su reinado.

¿Habrá monarquía parlamentaria en España en 2050? Debería. Un país de humores volubles y propensión tremendista necesita un rizón que lo ancle.

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