ANÁLISIS

Hughes: «Puigdemont y su martirio residencial»

Hughes: "Puigdemont y su martirio residencial"
Puigdemont y su casoplón en Waterloo. PD

Hace unas horas, Ana Rosa Quintana afirmó «haberle dado la puntilla al procés» con su exclusiva de los mensajes de Puigdemont. Sería un final, pues, a la altura del golpe-sainete que el 155, el artículo que para todo valía y que todo lo puede, ya había tocado de muerte.

El «procés» reveló el entendimiento de la democracia de dos millones de catalanes: temible.

Y el 155 ha revelado el del resto de los españoles: mejorable. ¿Que un gobierno mete mano a un Parlamento? Se aplaude. ¿Que se iba a intervenir la TV3 y a enseñar la lista de los reyes godos en los colegios y luego no se hace nada? Se aplaude el antes, se aplaude el después y se aplaude el durante. Como ha dicho Felipe González: ser demócrata es ponerse a disposición judicial.

Pero la proclamación en falso de una república merecía también una renuncia en falso. El mensaje lo transmite el heraldo Comín para que vaya calando sin que el autor se responsabilice, reservándose, eso sí, una dosis de victimismo para su futura administración. El «estoy acabado» sonaba dramáticamente a últimas voluntades.

Creo que era Nietzsche, a quien lamento tener que citar, el que escribió que las consecuencias nos agarran de los pelos para que paguemos por nuestros actos sin importar si entre tanto hemos cambiado. Esta ley moral quizás no sea universal.

Porque ahora conocemos la casa en la que Puigdemont sobrevive a su infierno, sita en el barrio residencial de Waterloo, un lugar consagrado al recuerdo y representación de la famosa batalla. Mientras la escogían, a Junqueras le dejaban quince días sin patio en la cárcel por haber concedido una entrevista. Puigdemont está en el exilio, es verdad, pero la celda de Estremera es más propiamente Santa Elena.

Las capacidades napoleónicas (delirantes) y para el martirio de Puigdemont son asombrosas, y ya merecen un serio respeto, pero le va a ser muy difícil seguir convenciendo a alguien de su sacrificio mientras amuebla seis dormitorios y tres cuartos de baño, unas dependencias (sin el in) casi preyslerianas. Dirán que se trata del palacete republicano, y que el casoplón es sede legítima.

El nacionalismo catalán ha desdoblado su victimismo en dos formas: la efectiva y cubicular (Junqueras), y otra con sauna.

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