Salvador Monzó Romero

Los nombres de la rosa

Los nombres de la rosa
Salvador Monzó

No es cuestión de pontificar ni sentar cátedra;
Se trata de verdades de curso legal,
No de mentiras sin mar, sin puerto y sin dársena;

Levantar rascacielos en un arenal,
Como el convertir las ovejas en cabras,
Verdad es que no es propio de gente cabal,

Como tampoco camuflar las palabras,
Afirmando ser negro lo que es blanco,
Y, si es que sesteas, decir que labras;

Si a quien llama camino lo que es barranco
Le damos mulo y carro, vamos de nalgas:
Nadie está a salvo sin salir de este atranco;

Podencos o podencas, galgos o galgas,
Que tienen campo pescando en peñascos,
No son de fiar, como si cazan en algas;

Más o menos, sin salir de los atascos
De la Independencia, es lo que algunos,
Bastantes, catalanes, como los vascos,

Más solapados, émulos de los hunos
De Atila a estas alturas, -¡qué gilipollas!-,
Nos amanecen con estos desayunos;

Matan su hambre cociendo en sus ollas
La carne podrida de ese antojo,
Que, si algo levanta, son ampollas,

Que hacen que miren siempre de reojo
A los españoles que a su chiringuito
No hacen sino echarle el cerrojo;

Ya, cuánto menos, resulta inaudito,
Que gente inteligente, se supone,
Como el tal Puigdemont, pongan el grito

En el cielo y en su corral amontone
Esa basura, sin ningún disimulo,
De la Soberanía, sin que entone

El mea culpa por darnos este garrulo,
Por su boca o por la de más de un compadre,
Gato por liebre y por pechuga, culo,
Aireando, -¡y esto ya es el desmadre!-,
Como verdad sin mancha,… ¡lo que es un bulo!.

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