José Luis Suárez Rodríguez

¡Váyase la mentecata

¡Váyase la mentecata
El desplante de Ada Colau a Felipe VI en el Mobile.

El mentecato y la mentecata, según el Diccionario de la Lengua Española, son aquellos que padecen de «mente cautiva»-mente capta-, o sea, que su pensamiento anda «alienado» por determinada idea o ideología.

Es el caso de los dirigentes del independentismo catalán: su pensamiento único está obseso y cautivado por la mentira de la República plutónica («enana hades«=la invisible Catalonia).

Al tipo pertenece, excelentemente, la alcaldesa de la ciudad de Barcelona, que bien merece ese calificativo, dada su poco lúcida mente. La muy, preguntada por qué se esconde del Rey y no quiere darle la mano y tributar honor, respeto y cortesía a quien, como autoridad máxima del Estado, representa la «Patria de todos», que llega a la ciudad condal a presidir los actos inaugurales del Mobile World Congress 2018, que da prestigio a España en Barcelona, ha contestado que no participará en el recibimiento oficial a los Reyes «por responsabilidad institucional«.

Esa respuesta, intonsa y mentecata, se corresponde con la característica conducta de ambigüedad calculada que define a la representante podemita del gobierno del Ayuntamiento barcelonés. La «cautiva», pero no «cauta», varilargera munícipe ha declarado su disgusto particular (ideológico) por el discurso del Rey Don Felipe como Mensaje a la Nación, con motivo del ilegal referéndum convocado por el Govern de Cataluña el 1-O de 2017. En la «Sexta Noche», justificaba su desplante al Rey, del que afirmó que en aquel momento. El monarca «se alineó con las posiciones más duras y represivas«.

La Alcaldesa, justiciera e insultante, debe calibrar su palabras y actitudes para no caer en despropósitos de necia mentecatez. Ella no representa institucionalmente a una facción sediciosa de catalanes, sino que ostenta un cargo cuya responsabilidad le obliga a medir, con prudencia, respeto y consideración, la distancia que, en cuanto edil, ha de estimar entre el redil o pesebre, en el que ha sido puesta unilateralmente, y la altura de la Corona, que es símbolo del Estado, y a la que necesariamente tiene que rendir pleitesía, porque «el Rey es el mejor Alcalde«, como señaló Lope de Vega, lo que constatan todos los alcaldes de pro de este Reino.

La alcaldesa de Barcelona ejerce su cargo público y cobra su trabajo «de la Corona de España«, a la que debe su nombramiento, que ella desempeña según juró ante la Constitución, que ha de acatar y hacer cumplir en sus tareas de gobierno municipal. Quien no acata lo que debe acatar (entre otros deberes, la pleitesía al Rey) y se comporta como persona mentecata, cautiva del capricho ideológico, de la venganza o de la desvergüenza, cogida en desafuero, debe dimitir.

Quien no respeta la dignidad de la Corona, y no le ofrece la esperada pleitesía, según ley y costumbre, y se toma el pleités como «contienda» (no avenencia e irreverencia), merece el castigo de la vara que ostenta, porque la vara de alcalde o alcaldesa reclama siempre lealtad. El alcalde que no inclina su vara ante el Rey, desvaría. Y si desvara por melancolía ideológica, el Estado ha de ejercer el poder de la separación.

Ella se ha «colao», y ha dicho: «Una cosa es el respeto institucional y otra la pleitesía«. Comete, la Colau, una vez más, pecado de ambigüedad: el respeto institucional forma parte de la pleitesía. El edil que no se digne reconocer la superior dignidad de quien simboliza al Estado, sufre estado de desequilibrio, no tiene la dignidad que se debe tener, sometiéndose sin servilismo, pero con placet. Y, además, pone como coartada su indignación (personal, o la de «los suyos»), imputando defecto al superior y le muestra desafección, negándose a servirle, honrarle y obedecerle. De tal guisa, la muy necia comete injuria, o sea, «injusticia». Y, así, la ofensa real, realmente ha de pagarse.

La pleitesía no es cosa de plebeyos sino de leales. Su característica es la autenticidad, y comulga mal con la bellaquería y con la ambigüedad. La señora Colau nos tiene acostumbrados a grandes ambigüedades políticas, de las que da muestras frente a distintas situaciones, fenómenos y conflictos: el independentismo, la «okupacion», el transexualismo, el turismo masivo, el cristianismo (al que no respeta), los «presos políticos», etc, haciéndose siempre compañera de viaje de los huelguistas, los narcotraficantes, los maleantes o los sediciosos.
Para Colau, alcaldear es hacer oportunismo político. Así le va. Antes de que se vaya Mobile, cuélese Sra. Colau.

*José Luis Suárez Rodríguez es Analista Político. Asesor. Director de www.masespaña.es

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