ANÁLISIS

Antonio Martín Beaumont: «La nariz de Iceta»

Antonio Martín Beaumont: "La nariz de Iceta"
Miquel Iceta. RS

Miquel Iceta pasa por tener buen olfato político. De eso presume. El primer secretario del PSC cuenta además con una de las mejores agendas del país, lo que le permite mantener un canal de comunicación constante tanto con políticos constitucionalistas como con dirigentes del PdeCAT y de ERC, incluidos los sedientos -¡pero siempre en privado!- de normalidad.

Sin embargo, la desconexión de Iceta con una parte importante de sus votantes tradicionales le lleva a flirtear precisamente con quienes mantienen abierta la ilegal vía rupturista.

Él justifica sus constantes coqueteos con el separatismo por esa obsesión de los socialistas catalanes de presentarse como una fuerza «transversal» capaz de pactar con todos. Sin embargo, de esa posición pretendidamente intermedia del PSC ha optado el PSOE por alejarse a toda pastilla, convencido, al menos ahora, de la necesidad de ofrecer rotundidad, y sabedor de lo que se juega en el resto de España.

Desde Ferraz han sido muy claros en sus planteamientos de respeto a la legalidad y en la exigencia de depurar responsabilidades entre quienes han buscado romper la convivencia democrática. Sin ambigüedades.

En cualquier caso, Pedro Sánchez ya concluyó el 21-D, ante la raquítica subida del PSC, que la sociedad catalana desechaba las medias tintas. El sentido común debería haber llevado a Iceta a reorientar su discurso. Pero no ha hecho nada de eso. Al revés: Erre que erre con su «gobierno de concentración».

Y en el propio cuartel general del PSOE dudan ya de que el primer secretario del PSC pudiese resultar creíble aunque endurezca sus planteamientos en un escenario de tantísima confrontación como el que vive Cataluña. Y preocupa, y mucho, lo que pueda ocurrir si hay que afrontar una repetición electoral, un riesgo que el propio Sánchez vislumbra cada vez más verosímil.

Se maneja la hipótesis de que, o bien no resulte posible investir un candidato «viable», o bien, de conseguirse, las enormes tensiones entre JxCat, ERC y CUP hagan impracticable la gobernabilidad. Al fin y al cabo, como subraya un alto cargo socialista, «la política catalana se ha convertido en una actividad imposible».

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