Análisis

Ver para creer

Ver para creer
Puigdemont y Rajoy.

Como ciudadano de a pie de este país, no salgo de mi asombro ante las noticias, de todo tipo, de las que me entero cada día. Al levantarse lea la prensa o ponga la tele, desayunará con una serie de hechos insólitos, pero que para nosotros ya son el pan nuestro de cada día. Lo penoso es que nos tienen tan acostumbrados, que generalmente no se les da la importancia que tienen, porque ya es algo normal. Ocurre en todos los ámbitos.

Hace unos días nos enteramos que a un anciano de setenta y tres años se le condena a dos años de cárcel por matar a uno de los dos jóvenes asaltantes de su casa que estaban agrediendo salvajemente a su mujer. Conclusión, si mañana asaltan violentamente mi casa, le digo al agresor, echemos un pulso; si me gana trataré de echarlo pegándole con la vara más suave que tenga; si le gano, le pediré amablemente que se vaya, porque de lo contrario llamaré a la policía, al tiempo que le invitaré a una cerveza para compensarle de su fracaso.

En el entierro, privado, de un ministro de la dictadura, unos asistentes entonaron cierto canto e hicieron un determinado gesto. Se les denuncia por un delito de incitación al odio. Curiosamente los mismos denunciantes, o correligionarios suyos, en el pasado aniversario de la República, (que por cierto fueron ellos los que desgraciadamente la hundieron), montan una manifestación callejera exhibiendo orgullosamente grandes retratos del fundador y del continuador del régimen más sanguinario que ha habido en el mundo, al tiempo que cantaban su himno. Normal, ellos no hacen propaganda de nada, ni incitan al odio.

En el problema que tenemos con la euro orden en relación a la Fregona, que ya está muy en el aire con respecto al delito de rebelión, y empieza a estarlo en cuanto al de malversación, el juez que lleva el caso mantiene que si se emplearon fondos públicos para actividades ilícitas, en base números informes de la policía judicial. La semana pasada el ministro de Hacienda nos sorprende afirmando públicamente que no se empleó un solo euro público en el referéndum ilegal. ¿Qué pasa? O alguien habla sin conocimiento de lo que dice, o (piensa mal y acertarás), el gobierno puede haber negociado bajo cuerda con los separatistas, ayudamos a que el president no sea extraditado a cambio de que os portéis bien unos años, luego amañaremos una amnistía o similar, y todos podrán volver.

El ministro del Interior encarga temporalmente al responsable político de los Bomberos y al de la Administración de la Seguridad, la Dirección del Instituto de Seguridad Pública de Cataluña. Nada que objetar, si nos olvidamos que ambas personas tienen una trayectoria política claramente a favor del separatismo y son perfectos conocedores de lo importante que es el activismo social.

El máximo responsable de una comunidad autónoma durante dos décadas, en la que desaparecieron cientos de millones de euros, declara tranquilamente que él no sabe nada, que no se enteró de nada. Dado el volumen de dinero es increíble que no hubiese la menor filtración, el menor comentario (en plan secreto, porque siempre ocurre), y que eso no llegase al primero, cuya indudable obligación era abrir una investigación exhaustiva, hasta llegar al fondo del asunto.

El Congreso de Diputados acaba de elevar a cuarenta y una el número de comisiones, lo que conlleva un incremento de gasto de medio millón de euros en sueldos de diputados. En gastos un grano no hace al granero, pero como en todo, ayuda al compañero. Teniendo en cuenta que, además disfrutan de unos ciento cuarenta días de vacaciones al año, como todo españolito, creo a muchos les sería conveniente ir a clases de ética.

Lo expuesto son algunas novedades de los últimos días, pero no se preocupen, aparecerán más, a cada cual más curiosa. En definitiva, ver para creer.

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