Manuel del Rosal

Estupidez + codicia igual a deuda

Estupidez + codicia igual a deuda
Manuel del Rosal García. PD

«Hay dos formas de conquistar y esclavizar un pueblo. Una es la espada. La otra es la Deuda» John Quincy Adams, sexto presidente de Estados Unidos.

Yo añado que, no solo esclavizarlo, sino hacerlo desaparecer como tal al sustituir su identidad por una nueva.

La humanidad, tal y como la conocemos, podría desaparecer en cualquier momento; si no por completo, al menos una parte importante de ella. Esto ya ocurrió en el pasado cuando catástrofes naturales, guerras, epidemias y…mala gestión de los recursos, enterraron civilizaciones muy avanzadas y poderosas.

Durante millones de años los dinosaurios dominaron la Tierra para luego desaparecer en poco tiempo. Varias teorías quieren explicar cómo sucedió, pero lo cierto es que no está nada claro el motivo de su extinción. El imperio Khmere (Jemer) que había creado una civilización muy avanzada, desapareció dejando abandonadas las muestras extraordinarias de sus ciudades. El motivo de semejante desaparición se atribuye a una sobre explotación de los recursos vitales, sobre todo del agua que causó una crisis hídrica en la que mucho tuvo que ver la desforestación. La civilización maya y la sumeria, parece ser que se extinguieron por años de sequía. Y el imperio romano, el mayor imperio que se ha conocido, el más perfecto, el imperio por antonomasia y la civilización por él creada, dejaron paso a las hordas bárbaras que sumieron a Europa y al mundo en la oscura noche de la Edad Media. Muchas preguntas se han hecho para encontrar la causa que dio lugar a la caída del imperio romano. Muchas se han expuesto y, sin embargo, hay una de la que poco o nada se habla, pero que tuvo importancia fundamental en la caída: la tremenda crisis financiera y la descomunal deuda del Estado, las empresas, las familias y los ciudadanos romanos.

El FMI avisa de que la elefantiásica deuda acumulada de Estados, empresas, familias y ciudadanos puede «acabar con el mundo financiero». Si esto sucede a la frase se le podría quitar la palabra financiero porque el sistema habría llegado al «game over» y uno nuevo de imprevisibles consecuencias, ocuparía su lugar.

En el año 2000 la deuda global (Estados más empresas más bancos más hogares) alcanzó la cifra de 87 billones de euros. Hoy, tan solo 17 años después, esa cifra casi se ha multiplicado por tres llegando a la monumental cifra de 193 billones de euros y representa en términos porcentuales sobre el PIB mundial el 318%. Y esto es así porque, cuando a la consabida estupidez humana, se le une la consabida codicia humana, el resultado es letal. Puede que esta nuestra civilización de las más altas tecnologías y los mayores avances científicos, se quede en el arroyo debido a la deuda global que nuestra insaciable codicia unida a nuestra infinita estupidez al creer que el sistema de un consumismo atroz era el definitivo, haga que esta civilización sea la primera en fenecer, no por causas naturales, por guerras o epidemias, sino por esa mezcla letal de estupidez y codicia que nos ha hecho creer que, ofreciendo sacrificios al dios consumo, este nos daría el bienestar y la riqueza para siempre. Hemos sido tan estúpidos y codiciosos que, incluso los prestamistas se irán al carajo, al no poder recuperar los préstamos milmillonarios que hogares, empresas, Estados y bancos recibieron; unos en forma de créditos y otros en forma de ese invento satánico llamado apalancamiento y que ahora mismo tiene cogido por los huevos a personas, familias, empresas y Estados al creerse todos ellos que es mejor invertir con dinero prestado a interés, que reinvertir los beneficios como siempre se había hecho.

El sistema no se sostiene y mientras más se tarde en tomar decisiones drásticas, más profunda será la herida. Hay ocasiones en las que el médico sabe que no vale pegar una tirita, sino que es necesario cortar por lo sano, y tiene que tener el valor y la determinación de hacerlo.

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