Análisis

Cleptómana, falsificadora, ¿y qué más…?

Cleptómana, falsificadora, ¿y qué más...?
Cristina Cifuentes, anunciando su dimisión. PD

Ya las tuvo cuando un vehículo la arrolló por un lateral de la Castellana. No la hostiaron porque llevaba una moto (o motosierra) y no era signo de distinción, pero la burla se cebó en ella a pesar de la gravedad del accidente. Fue antes de llegar a presidenta. Estaba sentenciada. Era la rubita que salía en la tele, eso jode mucho, si lo sabré yo, pero por ser del PP estaba estigmatizada. Carne de horca. Recuerden, si no, el vía cruces que llevaron Esperanza Aguirre y Ana Botella, que, además de denunciarlas en los juzgados por una izquierda zafia y casposa, siguen acusando en la «causa general» del Congreso contra el Partido Popular.

– ¡Qué feliz me siento habiéndome ido de la actividad política! -me dice un relevante diputado de la formación conservadora.

Se cuenta que hasta la Sexta sabe el color de las bragas de Cristina Cifuentes, de ella, cuando hizo o no hizo el master, la madre que la parió y si robó en un supermercado, la leche. Nadie, en cambio, dice nada del profesor socialista de la Juan Carlos I que trazó la estrategia para desbancar -a la fuerza ahorcan- a la hasta ahora presidenta de la comunidad madrileña. Ha sido el acoso y derribo calcado del linchamiento de Rita Barberá. O la oposición está loca o es de una misoginia que tira de espaldas. No. Su actitud, empezando por el Niño de la Bola, también conocido por Naranjito, me resulta miserable. Sacar, siete años después, unas imágenes de un supermercado, Eroski, para más señas, es de una bajeza infinita. Dos cajitas de cosmética han sido suficientes para tildar a Cifuentes de ladrona, hurto, no robo, que fue satisfecha por ella pero los medios afines a la izquierda irredenta la han seguido persiguiendo a muerte.

¿No existe una ley de protección de datos? Afirmativo. Imágenes que deben de ser destruidas a los quince días de la grabación. Mas no. Siete años han estado «vegetando» hasta que llegara el momento. Qué casualidad que el mismo que divulgó y desató la volatilidad del master, o sea un tal Manuel Cerdán a través del periódico virtual, inexistente, es el encargado de conducir al paredón a Cristiana Cifuentes. (Se trata de no dejar huellas).

Váyanse, miserables, a tomar por el culo, y no nos toquen los cojones.

-¿Ha quedado algún adjetivo calificativo más perdido por los caminos embarrados sobre la ex presidenta de Madrid?
– Sí.
– El de puta.

Pero se sobreentiende. La grey canallesca lo tiene a flor de piel. Como el apelativo de «facha». Estos asaltantes de caminos han destruido a una familia entera. Ya lo dijo Plutarco: el odio es una tendencia a aprovechar todas las ocasiones para perjudicar a los demás.

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