Análisis

A la caza del ministro

A la caza del ministro
Santiago López Castillo. PD

Se ha abierto la veda. Bueno, está abierta desde que Franco fue cabo y hoy nos rige M. Rajoy, como le llaman -burla burlando- los chequistas de la izquierda irredenta. Si un ministro habla, porque habla, si calla porque calla, si se caga porque se caga, que tire de la cadena. Es el deporte nacional de una panda de vagos cuya principal diversión es tiro al blanco. De modo que el Parlamento (Congreso y Senado) es una barraca de feria, huele a pólvora mojada y también a azufre para matar.

El último en la ristra de ejecuciones es Catalá, ese ministro de pelo-pincho que se ha atrevido a denunciar el «voto particular» de uno de los magistrados del tribunal sobre la «Majada» violando y violentando a una zagala de la borrachería en que se convierten los sanfermines. Pero aparte de la casuística puntual, de los hechos, este pim-pam-pum es, como decía, una «rueda de reconocimiento» a los titulares de la derecha. A saber: Catalá, Zoido, Dasti, Soria, Arias Cañete, De Guindos, Montoro, Wert…

Que se vayan. Pero aquí sólo se van los del PP. Y no será porque el kilo de irregularidades es mayor que el de otras formaciones políticas: pederastas convictos y confesos, trinconcetes y cortadillo, el Gürtel socialista de Valencia, violencia de género, y para mayor notoriedad, los Eres de Andalucía con 900 millones de euros afanados a los trabajadores pertenecientes al erario público. Nada, pues toda la troup sale en tromba con sus miembros (incluso los ocultos) limpios de polvo y paja, lo que significa un acto erótico-festivo porque están más salidos que una mona. Antes, los parlanchines de la izquierda estuvieron remendando sus problemas a base de «cosidos», o, más bien, a base de descoser los cuatro trajes de Francisco Camps para hacerse con la Comunidad Valenciana.

Causa sonrojo tamaña hipocresía. Unos pringados dando moralina y queriéndonos llevar al paraíso del excremento humano. No les hace falta títulos ni masters que los crió. Leguleyos embrutecidos, saben que existen leyes por el mero hecho de ser culi-parlantes en un hemiciclo corrompido, pringoso. Así sacó Felipe González a un puñado de jueces, llamados «de la tercera vía» o la vía de la estación.

De corifeos actúa toda esa caterva de medios que hacen abluciones en los lavatorios de la Izquierda y, en especial, un tal Alsina, que debe ser pariente de los autobuses de viajeros Alsa o el verbenero de Carlos Herrera, cada día más clonado en sí mismo.
País, Miquelarena.

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