Manuel del Rosal

Superada la crisis – si se supera- volveremos a hacer lo mismo

Superada la crisis - si se supera- volveremos a hacer lo mismo
Manuel del Rosal García. PD

«La austeridad es una de las grandes virtudes de un pueblo inteligente» Solón, legislador y estadista ateniense.

«El que compra lo superfluo pronto tendrá que vender lo necesario» Benjamín Franklin, político, científico e inventor estadounidense considerado uno de los Padres Fundadores de los Estados Unidos.

La austeridad ha sido arrinconada. La austeridad estaba en valor en las sociedades fuertes de antaño en las que figuraba como una virtud; hoy ha sido enterrada por las corrientes que emanan del consumismo, esa nueva religión cuyas catedrales son los centros comerciales y cuyos sacerdotes son los economistas y financieros que nos adoctrinan diciéndonos que para ser feliz hay que gastar, gastar y gastar hasta quedarnos más secos que la mojama. ¡Austeridad no, por favor! Despilfarro a troche y moche para entregarnos genuflexos al dios consumo y acostarnos todas las noches con tres orfidales para el cuerpo a fin de que la algodonosa negrura de la nada nos suma en la inconsciencia, para empezar el día siguiente con un cubata de ansiolíticos para poder hacer frente a las facturas derivadas de nuestro insaciable consumismo que todo lo agota, sobre todo a nosotros mismos. La austeridad está olvidada en la buhardilla, su lugar lo ocupa un gasto desmesurado que todo lo arrasa y lo quema, en primer lugar a nosotros mismos que vivimos sobre una hoguera de deudas, a veces inasumibles, para satisfacer nuestros deseos y caprichos que no nuestras necesidades; deseos y caprichos que, una vez satisfechos, dejan paso a un amargo sabor de boca que tiene que ser endulzado con otros deseos y caprichos nuevos y así en una espiral endemoniada que nos convierte en esclavos del consumismo y de nosotros mismos.

Epicuro, que siempre ha sido mal interpretado y menos comprendido, estableció un orden en nuestros deseos y los clasificó de la siguiente forma: A) deseos naturales y necesarios ( una dieta suficiente, una vivienda modesta pero acogedora y unas buenas amistades) bastarían para hacernos vivir adecuadamente y proveernos de bienestar físico y mental B) deseos naturales e innecesarios que son los que nos aportan cierto bienestar no necesario para vivir adecuadamente, pero que tampoco nos van a ocasionar mayor sufrimiento ( las artes, el deporte etc.) C) deseos innaturales e innecesarios corresponden a las ansias que no nos aportan mayor bienestar y si una mayor carga permanente y mayor sufrimiento caso de no ser satisfechas (drogas, deudas innecesarias, ambición insana, adicciones etc.) Epicuro es claro: «Nunca deberíamos arriesgar nuestra salud, nuestras amistades, nuestras finanzas o nuestra condición legal por perseguir un deseo innecesario» «Si además de innecesario es innatural, deberíamos evitarlo por completo»

Ni la austeridad ni las enseñanzas de Epícuro nos harán movernos ni un ápice en nuestro modo de ver la vida, porque nuestros ojos y nuestro cerebro están, los unos cegados por el oropel del consumismo, el otro por la monumental manipulación de los mercaderes que inoculan entre sus sinapsis el tóxico veneno de una felicidad enlatada. Estoy seguro de que, una vez asentados de nuevo en la creencia de que la crisis ha sido superada y de que volvemos a ser ricos y para siempre, confundiendo deudas con riqueza; volveremos a hacer lo mismo: vivir por encima de nuestras posibilidades.

El biólogo. médico e investigador francés Alexis Carrel dijo está frase: «El sentido moral y la cordura se bastan a si mismos, no necesitan asociarse a una gran inteligencia para dar felicidad al hombre» ¿Hay sentido moral y cordura en este siglo de las luces tecnológicas?

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