A este Pablo Casado le van a mirar las amígdalas y hasta los higadillos. Y, por descontado, las notas y calificaciones de primaria. Todo ello responde -como he venido denunciando- al «cordón sanitario» que desde in illo tempore aplica la izquierda cerril contra el Partido Popular. Tras la persecución y muerte de Rato, Rita (Barberá), Camps, Esperanza Aguirre, Cristina Cifuentes, etc. le toca ahora el turno a este chico del PP llamado Pablo Casado. Otro que entraba en liza de las próximas elecciones madrileñas, como la autora de los másters, los másters más caros de la creación.
¿Casualidad? No, la letra pequeña, para hacerla grande, en mayúsculas, está destinada a los predestinados y estigmatizados del PP a la Comunidad de Madrid. El último, como sabemos, es el vicesecretario de Comunicación del Partido Popular, al que se condena por unas supuestas presiones de Esperanza Aguirre para que al muchacho se le aprobara en un respiro y sin esnifar. Una burla.
¿Qué se hizo -me sigo preguntando- del impostor Franco, el malo, del PSOE, quien alardeaba de ser licenciado en Matemáticas y no sabia hacer una regla de tres? Nunca más se supo, que diría Pepe Iglesias «El Zorro». ¿Y del sociata Pepiño Blanco que no llegaba ni a bachiller elemental? ¿Y todas las «marías» trepas como las Pajín, pajón, pajolera o Bibiana Aído -pero no vuelvas-? Pues viviendo de la mamandurria internacional. Vergüenza ajena.
Pero volviendo al acoso de Pablo Casado, el director del Gabriel Cisneros, donde el militante pepero cursó la carrera de Derecho, ha tenido que dimitir. Alberto Pérez de Vargas, cual es su nombre, amenazaba sin pruebas. Y eso se llama «falso testimonio». Y, para más INRI, era militante de Ciudadanos. ¿Qué hubiera pasado si el hecho se hubiera producido al revés? Pues que se habría montado la mundial. Por cierto, la prensa sectaria, incluido el botarate verbenero de Carlos Herrera, el zascandil de las ondas, ha tamizado cuando no silenciado el revelador dato que comento; la difamación está hecha y nadie del periodismo se ha atrevido a denunciarla. Lo de siempre, tiran la piedra y esconden la mano.
Por cierto, el profesor que «destapó» lo del master de Cristina Cifuentes, confesándose militante del Partido Socialista, quien incluso tenía diseñado el mapa de acción hasta echarle del cargo, como así ha sido, vive en su arcadia feliz bajo el lema de divide y vencerás con el puñal escondido para la alta traición.
No voy a decir nada de ése impresentable coleta y su tronca: que viven en el mundo feliz de Huxley gracias a la nada despreciable cifra de 670.000 euros. Un chalet que en nada tenía que ver con sus acampadas en la Puerta del Sol donde hedía la mierda y la puta mierda.
