Análisis

Las fichas del dominó

Las fichas del dominó
"Por regla general, la propaganda opera siempre a partir de un sustrato preexistente, ya sea una mitología nacional o un complejo de odios y prejuicios tradicionales. Se trata de difundir argumentos que puedan arraigar en actitudes primitivas".

Siniestros augures para la vieja Europa. La profunda debilidad de la organización política de los Estados europeos no hace mas que mostrar la profunda amenaza que se extiende como reguero de pólvora por los paises que en otro tiempo mostraran su energía y emprendimiento. Europa debe rearmarse mas pronto que tarde. Las alianzas destructivas de la ultraderecha y de la ultraizquierda se concitan contra la democracia, contra el Estado, y contra el entero orden social. La limpieza étnica campa por sus respetos, y la falaz argumentación de la ultraizquierda rinde ahora sus frutos en el etnicismo de las alternativas políticas que primero defendieron la apertura de fronteras a la inmigración para luego emerger como barreras ante el migrante enarbolando la bandera de lo propio. La última en caer, Italia, un Estado fallido, ha devenido en esa alianza que pone en el mismo rail a la Liga Norte y al Movimiento 5 Estrellas, propuestas populistas que reviven la ideología mussoliniana, de ofrecer premio para algunos, arruinando a todos. Un modelo a imitar por el peronismo podemita. El resultado es obvio, el empobrecimiento colectivo, el reparto de la miseria, la imposición de modelos autoritarios para controlar el desorden social que viene a emerger entre las huestes populistas a partir de la destrucción del Estado y del futuro.

Aurora Dorada, y los Griegos auténticos aliados de Tsipras, el califato islamista de Erdogan que con tanta fruición quiso redimir Zapatero con su alianza de las civilizaciones -¡vive Dios, qué olfato tiene este amigo de Maduro, dos veces pensionado!-, el fascismo polaco controlando la judicatura, la amenaza de la Unión Cívica de Orban en Hungría, el resurgimiento del nazismo alemán de manos de Alternativa por Alemania, el fascismo feminista de Le Pen, el partido flamenco Vlaams Belang en el gobierno que amparó la ocupación alemana y ahora defiende a Puigdemont, y el espíritu resucitado de Leon Degrelle en Bélgica que niega la aplicación de la ley a los golpistas catalanes que otrora militaron en el dogmatismo cristiano-comunista de sus padres, y hoy se alzan contra la democracia y las leyes que la hacen posible. Un siniestro porvenir que tiene en los émulos nazis del nacionalismo pujolista la expresión mas pura de una pulsión autodestructiva para la que la única consigna es fer bullir l’olla, tan expresiva muestra del cuanto peor mejor del fascismo cupista catalan, todas las fuerzas del mal imbuidas del delirio catalanista. Chamberlain pactando con los nazis no es nadie frente a quien ha consentido que se imponga un etnicismo lingüístico en Cataluña. Trump no es sino el resultado de ese proceso, por el que, como en la vieja Alemania, quienes ven amenazadas sus condiciones de vida las amenaza desde dentro incapaz de articular la cultura y la población en el concepto universal de ciudadanía, donde la responsabilidad individual, la actividad productiva y el compromiso institucional es correlativo de los beneficios que depara la cooperación a nivel nacional e internacional y la organización política de un Estado social y democrático de derecho.

La peor mentira es aquella que se cree quien la realiza. La escena patria, sin estar todavía al borde del abismo italiano, allí donde se estrellan todos los partidos, excepto precisamente aquellos que prometen lo que no están en condiciones de cumplir, no es mas halagüeña. No se trata de que un descerebrado pueda ocupar el poder, que concite a su favor y en torno suyo lo peor de la condición humana, que convierta en doctrina sus singulares manifestaciones de racismo, o que invoque la violencia como razón última de un orden social que denigra al tiempo a quien invoca las leyes. El racismo como doctrina hace emerger un otro, un otro a quien primero aislar, luego combatir, para luego asesinar. El asesinato se justifica antes en el discurso social. Es imbécil quien no vea hasta que punto puede anticiparse una situación que conduce hacia la Guerra Civil. Nuestras leyes vienen protegiendo los derechos del delincuente sin que ningún mecanismo pueda poner frente a la ley a quien se aprovecha de su condición institucional para dividir a la ciudadanía, incitar al odio, y procurar el triunfo de la violencia. Se ignora, una vez más, que Hitler y Mussolini se auparon como dictadores desde la democracia que debía haber castigado su deriva hacia la violencia y hacia la guerra.

Pedro Sanchez parece haber abandonado un pensamiento tartamudo al percibir que son las leyes las que determinan qué conductas son antijurídicas y susceptibles de reproche penal. La pusilanimidad de las instituciones jurídicas y políticas ante la barbarie es la causa de aquellos desatinos. Cocinado a fuego lento, el fracaso del PSC ante la barbarie y el latrocinio pujolista, aupó al poder del Estado a quienes amenazan la democracia en el insólito escenario de decir defenderla. Ya conocemos con que laxitud se consintió la apropiación de símbolos por las hordas fascistas del tercer Reich.

Quien se aventura a negar la prisión permanente revisable, no puede ignorar que existe como tal en todos los grandes y en la mayor parte de los pequeños paises europeos. De igual modo, se prohibe quien procede en contra de la Constitución, quien amenaza la unidad del Estado, o quien incumple formalmente el acatamiento de la legalidad. No parece importar con cuanta impunidad se imponen quienes hacen bandera de la delincuencia organizada en los comités de defensa de la república. Cualquier odio, y cualquier agresión es primero discurso. El lenguaje no es solo un instrumento de la comunicación, sino el esqueleto esencial del raciocinio. Y así por inconcebible que parezca, se aupan dictadores con el poder del Estado que se les ha conferido en virtud de leyes que fueron propuestas para defender la democracia y hoy se instrumentan para atacarla y extinguirla. El nacionalismo es por definición un modelo de partido único. ¿Que razón existe para permitir los partidos independentistas que para cualquier Estado, bajo cualquier Constitución, quedarían ilegalizados?

El nacionalismo, según Sorel, el autor que permitió a Mussolini descubrir su papel en la formación de una conciencia social, permite aunar fuerzas tras la bandera de la violencia, recreando una identidad imaginaria, una identidad de referencia que borra la individualidad y la personalidad del ciudadano. No existe ningún motivo para consentir que las fuerzas que tienen por objetivo la destrucción de la democracia de ciudadanos libres e iguales cumplan su designio. Contra la pusilanimidad de un Estado de derecho, la respuesta no puede ser otra que aplicar la ley. Y si la ley no alcanza a establecer las formas de delincuencia orgánica de la realidad contemporánea, hay que construirlas, para reconocer las formas actuales de la delincuencia social, y aplicar el castigo que merecen. Antes de que sea demasiado tarde. La aplicación de la ley es siempre impúdica.

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