Santiago López Castillo

Los perro-flautas se van a la sierra

Los perro-flautas se van a la sierra
Santiago López Castillo. PD

Hombre, lo que me jode es que los perro-flautas se suban a la sierra norte de Madrid, donde ustedes tienen su casa, un decir, claro. Más arriba (Galapagar) se ha llegado la pareja feliz: el Coleta y su tronca Irene Montero que quieren formar una familia cuando la filosofía de los podemitas era la vida en común o comuna destartalada. O sea, procreador A, procreador B y churumbeles. No saben nada estos pollos con sus respectivas gallinas. Ponen huevos y por huevos se imponen.

Pero no debo irme más arriba. En mi urbanización, han plantado sus reales dos familias con «caravan» y botellas de güisqui y niños berreones que, como poco, te estrangulan la siesta. También tienen perros, pero son los más educados; sólo te ladran al pasar pero no te insultan y si tú saludas a los dueños, igual éstos te acogen con un eructo o lapo. Se mueven por la sierra con automóviles de alta gama y en nuestros esporádicos encuentros he conseguido sacar que un patriarca de esa familia se llama Serafinito Teclo Toribio de la División Azul. Es alto, alza coleta de caballo y exhibe un anillo en la nariz y un zarcillo en el prepucio para mejor placeres de los dioses.

Por aquí, donde yo vivo, estuvieron gentes de muy distinto pelaje. Como Jesús Hermida o la caricatura de sí mismo, estomagante, vanidoso sin fronteras, o Quico Matamoros, uno de las telebasura a base de polvo y paja. Pero, en honor a la verdad, y al autentico relumbrón, en estos lares vivió Carmen Martín Gaite. Casi nadie al aparato. De ahí que la entonces alcaldesa, Carmen Díaz Carralón, al ir a cumplimentarle, me dijera que era bien venido y que sustituyera la memoria de la insinge escritora, lo que me llenó de orgullo. Aquí he escrito más de una decena de libros y no pocos óleos salpicados de la blanca flor de las jaras. Además de sentir el aliento de mi perra «Canela» y de mi golden divino «Niebla» paseando por las estribaciones de la Maliciosa y endilgando todo lo que pude y más.

De modo que aquí estamos. Hasta que el cuerpo aguante. Rodeados del verde centenario de los pinos, la transparencia del aire y la lejanía inaccesible. Ah, y de los nuevos inquilinos que son los perro-flautas, niños de papá, vividores, comunistas de la hoz y el martini. Me cuentan que han inundado Manzanares el Real, Cerceda y, con el Coleta en persona, Galapagar, que si no es una villa meona será cagona. He dicho.

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