Análisis

Miseria de la ciudadanía

Miseria de la ciudadanía
Pedro Sánchez en la famosa rueda de prensa del 5 de marzo de 2018. Youtube

Invocar cordura a las autoridades que rigen este pais ha devenido en una quimera. Ya sabíamos que la Constitución Española de 1978 era una manera estúpida de comprar tiempo, como si los problemas endémicos fueran a canalizarse por fuerza de la convivencia y pudiera conseguirse cordura de los obligados a convivir a base de convivir. Nada mas lejos de la realidad, y nada mas cerca del peor de los pronósticos. Que los sacrosantos padres de la constitución cometieron innumerables errores, no hay nadie que lo dude llegado a este punto. Algunos ya lo veíamos pero no disfrutábamos del cómodo sillón del croupier. Se dice que nos ha permitido una estabilidad y un desarrollo pero es el caso que bien podría haberse conseguido lo mismo o mas y mejor bajo otros principios constitucionales, con la diferencia de que no habría en ese caso motivo de sobresalto. La única barrera a este proceso imparable hacia una república balcánica son las instituciones europeas, pero ya vemos como no hay día que las fuerzas que alumbraron la guerra mundial en suelo europeo campan de nuevo a sus anchas por los mismos derroteros. El Estado fallido belga o Alemania Dios mediante.

La Constitución del 78 ha puesto las bases para una república confederal donde cada cual actúa a su antojo, con las solas competencias residuales de la administración central de cobrar impuestos y sostener de momento las únicas empresas comunes cada vez mas residuales, sea el Banco de España, la Seguridad Social, la misma que ya niega, sin embargo, qué servicios se prestan al ciudadano en función de qué territorio, el CNI o el Ejército, claramente en extinción. Véase a que ha venido a parar la Constitución, en la asunción de competencias por parte de unas autonomías con vocación de Estado que disputan al Estado su legitimidad y que vacían de contenido los derechos del ciudadano sometiéndoles al predominio de los caciques del territorio. Da igual qué se copia o imita hasta la infinitud, sea el Defensor del Pueblo, o el portero de la discoteca con una cartelería apropiada al territorio.

Sorprende con que ahínco todos compiten por llevarse lo peor posible con cualquier otro, y adornar su estúpido y primario egoísmo con reivindicaciones inverosímiles, inviables, o delirantes. Si cada español hiciera la mitad del esfuerzo de amor que hace de odio, tendríamos un panorama que convertiría a cualquiera de nuestros socios comunitarios en una vaga imitación de nuestro progreso. Una singular expresión de esta manifiesta incapacidad para procurar por todos, lo que cada cual procura para sí mismo, es precisamente la que tiene en su seno a expresiones tan patéticas de cinismo político como las que representaron en su día Zapatero, o ahora representa Sánchez. Habría motivos mas que sobrados para no aguardar al fusilamiento histórico de Zapatero con las añagazas de su hueca palabrería y el estado de desolación que sus planes E, sus destructivas políticas económicas, y sus préstamos ICO han causado para juzgar por sedición a Zapatero, irredento cobrador como expresidente y consejero de Estado. ¿Puede sorprender que comparta mesa y mantel con un caracterizado sátrapa como Maduro?

En este país, existen delincuentes que antes de decidir si suicidarse o no asesinan a cualquiera que pasa por su lado. Existen de diversos tipos, pero todos coinciden en un propósito común, desean que se apague el sol para todos cuando se acabe para ellos. Pedro Sánchez pertenece a esta serie. No es simplemente un político mediocre e ignorante, alguien que no tiene abuela, imbuido de un delirante narcisismo. Es peor que eso, y el sistema permite que emerja cual redentor para llevarnos a todos a una cruz insoportable. En una muestra tenaz de autismo infinito, cree llegada su hora por la sola exclusión del otro. Como si la desafección a quien no soy yo, de pronto sirviera para ponerme en su sitio. Un tipo de improvisación de consecuencias nefastas. Rápidamente los mercados se dan la vuelta arruinando la esperanza de todos, reparten un excedente ocasional para destruir todas las oportunidades de futuro y se sirven en bandeja con el más débil de los potenciales gobiernos a cuantos buitres carroñeros campan por sus respetos. ¿Será tan estúpido y obtuso Ortuzar de ordenar a los suyos que pongan en el pedestal de presidente a quien destruirá su economía, al igual que la de todos?

El problema esencial no es que exista un procedimiento legal absurdo hasta el infinito para constituir un gobierno con un aglomerado de intereses opuestos, atentos los miserables socialistas catalanes a apostar por su propia y definitiva extinción, atentos los nacionalismos xenófobos para invocar la guerra civil patria, atentos los cínicos a la definitiva apuesta de cuanto peor mejor. El problema es Sánchez que les sirve en bandeja el canto de las sirenas mientras el mar amenaza la superviviencia de la nave. ¿Nadie se pregunta por qué clase de mecanismos se aúpa al poder de un partido, y al poder del Estado el peor de nuestros conciudadanos?. El problema de una votación de censura es que al igual que un funcionario corrupto o un político nunca paga los costes de su decisión, como Zapatero o Sánchez. Venimos a pagarlo todos, al menos todos aquellos que no piensan exclusivamente en su cuenta de resultados. Ya sabíamos de cuantos resultan víctimas de su propio relato, como Cifuentes apeada de su posición por algo tan estúpido como haber mercadeado con su currículo, o como Irene Montero o Pablo Iglesias obligados a hacerse perdonar por algo tan normal como comprar una vivienda Versalles para sí y para sus hijos. El verdadero problema no es quien tiene que hacerse perdonar su farsa sino quien nunca paga por ella. Sánchez sería un candidato perfecto para que un día tuviera que recibir la justicia pública. No sería un linchamiento como él que el procura para otros. Sánchez no paga su propia miseria. ¿Hasta cuando tendremos que soportarle con infinita paciencia?.

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