Análisis

Santiago López Castillo: Ni aritmética parlamentaria ni nada: golpe de Estado

Comedia bufa en dos actos

Santiago López Castillo: Ni aritmética parlamentaria ni nada: golpe de Estado
Santiago López Castillo. PD

Hasta que llegó el momento, el empleado de la planta de caballeros de El Corte Inglés mandó llamar al sastrecillo valiente para que con su metro de hule le tomara medida el día de su supuesta entronización en la Moncloa. Casi nadie al aparato. Le tomaron la sisa y el tiro de pierna o pernera. Y el tiro de mierda, ¡qué tío!

Decía Gracián que el primer paso de la ignorancia es presumir de saber, y muchos sabrían si no pensasen que saben. El pazguato, con cerebro de chorlito, no filosofa. Ni en tiempo de descuento. Echar a Rajoy, eso sí, le producía más orgasmos que la paja palillera del cine Carretas. Luego aquí tenemos a este iluminado ser en sesión continua, caiga quien caiga. En su confrontación con el presidente del Gobierno, el aspirante hizo el ridículo por los cuatro costados. No argumentaba nada. Era un aznariano con el imperativo de váyase, señor Rajoy.

Mi santo padre, que en gloria esté, siempre afirmaba que el arma más poderosa de los socialistas es la mentira. A Sánchez le deberían haber llevado al detector de mentiras que se encuentra en ese programa del polvo y paja que presenta el homosexual Jorge Javier Vázquez. En lexicografía pugilística, el todavía jefe del Ejecutivo hostió sin piedad al aspirante: por escurridizo, torpe, vanidoso e incompetente. Claro que estos adjetivos calificativos el socialista -ser faltón y zurupeto- se los pasa por el forro de los cojones. Lo suyo es -de toda la vida de Dios- la Moncloa, a la que se aferró el tripulante gallego en defensa propia porque hasta el más misérrimo tiene su corazoncito.

El cum laude del zapaterismo me pareció patético. Un esperpento. Negar los avances económicos del Gobierno del PP tras la gestión nefasta de ZP (el peor presidente español desde Fernando VII hasta nuestros días) es situarse en la burricie y a coces concertadas con los cuadrúpedos del hemiciclo. Mariano Rajoy estuvo brillantísimo, como buen orador que es. Pero la aritmética parlamentaria lo ha desalojado para dar cabida a este elemento ególatra, vanidoso vendiéndose al mejor postor. Vendiéndose, sin ambages, a todos los enemigos de España que quieren fragmentarla -y más desde ahora- aunque Sánchez envuelva su «proyecto» (no se sabe cuál) en papel de celofán de regalo y con lacito de seda adquirido en artículos al por mayor.

Del PNV, partido ambiguo menos cuando la bolsa sona (no sé cómo se dice en euskera), mejor no hablar. Miserable. Es algo así como Judas Iscariote pero con chapela. De modo que ahí está toda esa recua separatista ansiosa por destrozar España.
Por cierto, el empleado de El Corte Inglés ha llegado para quedarse. Hasta la eternidad… (Tendremos días de gloria).

PD.- Mi felicitación a esa prensa sectaria que no ha dado un solo respiro a Rajoy incluida su caballerosa despedida. Que Dios nos coja confesados con lo que se avecina.
(Lo de «golpe de Estado» no es eufemismo o expresión retórica, es la pura verdad).

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