ANÁLISIS

José Luis Suárez. «Lazo Verde y victoria de la Constitución»

José Luis Suárez. "Lazo Verde y victoria de la Constitución"
Un manifestante catalán, a favor de la Constitución, luciendo la barretina y la bandera española. PD

En la simbología política del independentismo catalán, el «lazo amarillo» (llaç groc) se está convirtiendo en un emblema establecido de discordia, con significado de repudio a «lo español», particularmente a la legalidad constitucional, que es pacto de unidad entre los pueblos de España.

El lado peor de esta cucarda sediciosa es la hendidura profunda que produce en la misma sociedad civil catalana, con los enfrentamientos continuos entre personas e instituciones que piensan y actúan de manera diferente.

El «amarillismo» separatista se manifiesta como signo distintivo de intolerancia, practicada por los prepotentes de la tribu castiza.

La escarapela amarilla (o cagueta) exhibida por la burguesía catalana en son de protesta tiene su precedente histórico en los acontecimientos de la Guerra de Sucesión española, con confrontación dinástica entre Casas reales europeas y su reflejo en los posicionamientos que, por intereses económicos, se adoptaron en el Principado de Cataluña.

Los secesionistas de entonces, disconformes con la dinastía borbónica reinante, y alineados con el aspirante del imperio austriaco, en 1705 se colocaron lazos amarillos en el sombrero y solapas como expresión de protesta contra las normativas legales del Virrey español, D. Francisco 
Antonio de Velasco y Tovar, que acabó dando instrucciones severas, con detenciones incluso, contra los amotinados. En su Instrucción, el Virey de Felipe V se quejaba de la actitud de los rebeldes: «… porque sólo atendían a su aduladora idea de que podrían vivir con más anchuras. En esta situación, publicitaban su parcialidad adornándose con el color amarillo (el partido de los austracistas)…/… y creando discordias entre las familias, alineándose unos, a uno de los Principes, y otros, al otro».

Los «amarillistas» de otrora, partidarios de la dinastía austriaca, son considerados por los «lacistas» de hoy como promotores de una Guerra de Secesión, que intentan ellos repetir contra la Corona de España, proclamando la «república amarilla».

Sucede también ahora, como en la Guerra de Sucesión, que la demarcación nuclear de la rebeldía busca su desplazamiento activista en la Plana de Vic. Los «vigatans» históricos, partidarios del Archiduque austriaco, representativo del «amarillo», prepararon el ambiente para la movilización armada, fueron perseguidores encarnizados de los «gabachos» felipistas y retiraron el retrato del Rey Felipe V de la «Casa de la Vila» (Alvareda Salvadó).

En el ‘procés’ soberanista de nuestros días, mediante el lazo amarillo se ha querido reivindicar un supuesto y simbólico «derecho a decidir» la auto determinación de Cataluña.

Y tras la aplicación del art. 155, previsto para restablecer la legalidad constitucional, se ha usado como seña de protesta, exigiendo la libertad de los políticos presos por delinquir en su golpe de ruptura, y pidiendo la vuelta indemne de los fugados de la Justicia, que viven un exilio dorado a costa del erario público de los españoles. Lazos amarillos exhiben displicentemente los parlamentarios y senadores catalanes en las Cámaras legislativas del Estado español, y proliferan en los escaños vacíos del Parlament; también en lugares públicos e instituciones de Cataluña; en vías, ayuntamientos, playas y campanarios…

Si el «lazo amarillo» en Cataluña ha significado tradicionalmente una señal de reivindicación de privilegios de clase e independencia del territorio, primando los intereses de la casta nacionalista excluyente, con guiños al populismo «estrellado», y se usa como marca de protesta cuando los dirigentes no consiguen, actuando con engaño y trapacería, los objetivos nacionalistas de su progreso preferente, e intentan legislar desmarcándose del Estado de derecho, cuya Constitución atiende al interés general, con igualdad y solidaridad, es hora de oponer al amarillo político un color que contraste con sus signos maléficos: la discordia, la vanidad, la ambición, el engaño, la traición, la mala suerte escénica desde Moliere…
Desde aquí proponemos como lazo de la unión y la amistad, el que es portador del valor de la esperanza: el lazo verde.

El lazo verde simboliza la esperanza porque entraña fertilidad y significa solidaridad; porque surge de la mezcla del amarillo, color anodino, con el azul, que mira al cielo y se funde con el mar.

Nuestro lazo verde muestra un diseño invertido al del «lazo amarillo». Su posición es contraria, no figura con patas caídas sino con alas alzadas; no mantiene postura de deposición, sino que se mantiene erecta, mirando arriba, y dibujándose con la V de la Victoria.

Desde aquí proponemos a los políticos constitucionalistas catalanes, a sus militantes, y singularmente al Honorable Presidente de Tabarnia, que luzcan el Lazo Verde.
Conseguiremos que los catalanes españoles y los españoles que están con Cataluña lleven con orgullo el LAZO VERDE.
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NOTA.- *José Luis Suárez Rodríguez es Analista Político. Asesor. Director de www.masespaña.es

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