Análisis

Santiago López Castillo: «Nada menos que todo un hombre»

Santiago López Castillo: "Nada menos que todo un hombre"
Santiago López Castillo. PD

Los que sentimos y padecimos y no somos de fibra óptica, valoramos casi por igual el triunfo y la derrota. El ser humano. Me refiero al traspiés -una vida por delante y otra media por terminar- de Mariano Rajoy al que nadie ha valorado si no fuera como cuerpo yaciente, envuelto en el sudario de la pasión y cruz y la puta mierda.

El ex presidente del Gobierno y del PP, cabizbajo por la calle va, está dejando a sus enemigos con la boca abierta. El que no dimitía, el que dejaba pudrirse los problemas en el malecón, maricón el último, y resurgir de las cenizas. Cenizas cuyos rescoldos vio incinerar a compañeros como Rita Barberá, Esperanza Aguirre, Francisco Camps con sus trajes a cuadros y a mil rayas hasta que sus enemigos, incluso los de dentro del partido, le confeccionaron el sudario a la medida.

El que decían que no se quería ir se ha ido. Pienso que le va como anillo al dedo la novela de Unamuno «Nada menos que todo un hombre», con un personaje que lucha por la vida y lanza sus ideas a la aventura prodigiosa. Y cuando usted creía que los que le aconsejaban la retirada callarían para siempre, pues nada. Siguen con la crítica, el dale que dale, el apaleamiento. Si no se iba porque no se iba, y si emprendió las de Villadiego le califican de indigno y cobardica. Decían sus enemigos, que lo son todos -el Frente Popular que hace «paseíllos» y derriba cruces de granito esculpido en odio-, decían que desnaturalizó el partido. Y eso que parte de la gestión del ex presidente tuvo un evidente sesgo socialdemócrata en los ocho años que estuvo en el poder, ganando elecciones, mientras su tramposo sustituto iba de derrota en derrota, abrazando la ideología radical de izquierdas.

Resulta admirable el sometimiento de una prensa afín a Sánchez que no valora la recuperación económica de España tras dejarnos como legado de ZP la ruina y el paro a bocados. Cuarenta años en política, Mariano, eme punto, Rajoy, como le desprecian los cibernautas de izquierda, no es poca cosa. Incluido el caso del «Prestige», que el entonces ministro gallego llevó a buen puerto y nunca mejor dicho, mientras más de un socialista proclamaba a los cuatro vientos que con otro «Prestige» desalojaremos del poder al PP».

No ha hecho falta. La traicionera moción de censura a Rajoy ha sido un torpedo en la línea de flotación del PP. Dejemos en paz a este hombre honrado (sean cuales fueren sus pecados) que termina su carrera política como el personaje principal de «Nada menos que todo un hombre». Abrazado a su mujer, blanco por el frío exterior, desangrado y ensangrentado por dentro en el final de sus días.

Talento, honra y no pocas dudas. Es la puta vida.

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