ANÁLISIS

Pablo Casado crece como el candidato de la renovación pese al juego sucio en su contra

La militancia del PP está harta de 'fuego amigo'

Pablo Casado crece como el candidato de la renovación pese al juego sucio en su contra
El Vicesecretario General de Comunicación del PP, Pablo Casado, junto a su mujer, Isabel Torres. EP

¿Quién se habrá encargado de filtrar tan oportunamente guisado el asunto del máster?

Empezó oficialmente la carrera para suceder a Mariano Rajoy. Ahora sí. Hay que esperar que los contrincantes, al fin y al cabo compañeros de siglas, acierten sobre todo en las formas. También en el fondo, por supuesto. Pero se ha abierto un proceso muy emocional. Y el PP es un partido necesario para España que ahora ha colocado su imagen, en buena medida, en sus manos. No se pueden permitir fallar.

María Dolores de Cospedal, Pablo Casado, Soraya Sáenz de Santamaría, José Ramón García Hernández, José Manuel García-Margallo, José Luis Bayo y Elio Cabanes se disputan marcar el rumbo futuro de unas siglas seguidas por cientos de miles de afiliados y apoyadas en las urnas por millones de electores. No se olvide: hablamos de la formación política más grande de este país.

Y las cosas, por desgracia, no han empezado del todo bien. Más bien continúan por el mismo camino que ha llevado al PP a desangrarse en los últimos años. La sospechosa retirada de Alberto Núñez Feijóo debería ser un motivo muy serio de reflexión para la familia popular. No todo vale en política.

Alguien, justo cuando sonaba la bocina del comienzo, se ha encargado de “filtrar” de nuevo, oportunamente guisado, el asunto del máster de Pablo Casado, uno de los políticos populares jóvenes más brillantes, con mayor recorrido y que, gane o pierda, deberá ser una de las imágenes de la renovación del Partido Popular de los próximos años. Un valor a proteger. Como todos los “jóvenes regeneradores” que participan ilusionados políticamente.

Los afiliados, auténticos dueños de esta elección, y además “inscritos”, es decir, personas que conocen al dedillo el día a día de cada sede popular, seguramente no van a pasar por alto los manejos oscuros. Y los penalizarán.

Sean de quien sean. Así debe ser. Porque, además, esos inscritos (es decir, el hueso del jamón del PP), más que de uno u otro precandidato, son el partido.

Las bases del PP están hartas de “filtraciones”, de las manipulaciones contra compañeros (que tantísimo les han penalizado), del juego sucio, de zancadillas, de “fuego amigo”, de las cloacas utilizadas para terminar con prometedoras carreras políticas.

No es de recibo que alguien quiera basar su triunfo en pasar a cuchillo a una buena parte del PP. Y si además las víctimas son los más jóvenes, los que mayor ilusión despiertan, la maldad se convierte en un delito de alta traición.

En toda familia que se precie, la lealtad entre sus miembros es un principio fundamental que se supone.

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