Análisis

Santiago López Castillo: «Locura conegil y otras yerbas»

Santiago López Castillo: "Locura conegil y otras yerbas"
Santiago López Castillo. PD

Para mí que son mentes enfermizas, tocadas del ala, que llevan inoculado el odio en el cuerpo hasta el fin de sus días. Se han creado un universo irreal, ficticio, para el nene y las nenas. Es su peli, en argot del breviario o morse del móvil, tan mala -la película- como los bodrios que sacan los progres realizadores siempre sobre la guerra civil, una originalidad pasmosa. En Cataluña, los independentistas están para las loquerías, muerte al rey, viva la república, de infausta memoria, no reciben al jefe del Estado (la consorte me da igual, trepa profesional) y el premio Princesa de Gerona que se va a celebrar en la clandestinidad, teniendo, entre otros invitados, al futuro premio Nobel de Medicina Valentín Fuster. ¿Qué se diría si el Gobierno central prohibiera la celebración de un título nacional -de España, quiero decir- al Barça cuando su presidente afirma que disfrutaría (sic) si Argentina ganara el mundial (Messí, estúpido regidor Bertomeu, no vale una farsa).

Están locos. La cutrez es algo parecido a la roña cuando en los años treinta crecía por las orejas y las nalgas y sin que hubiera crecido Franco, ése hombre. Hoy revivimos la FAI, el anarquismo en versión moderna. Son los intérpretes del vale todo, la mierda divina, los okupas que nos ocupan todo. Son los depositarios, en fin, de la locura conegil, que no sé lo que es pero debe ser una fiebre muy alta como detecta el termómetro en el sobaco. También se les suele englobar en lo políticamente correcto. Generalmente, son perro-flautas o niños de papá.

Vitorinito, también conocido por Azufaifo del Vendrell, luce pendientes y piercing en sus partes nobles, sálvese el que pueda. Asimismo, gasta moño como la señora Anastasia, la del pueblo. Su madre le pregunta que por qué no va más normal a lo que contesta que los que no van normales son los señoritos capitalistas. «Yo no abdico de mis señas de identidad ni de mis principios». Se llena la boca con la palabra «solidaridad», que es el señuelo del buenismo, actitud que expenden hasta los manteros. No es de extrañar que la opusina, la que viene y vive del Opus, Pilar Urbano, un detritus de la profesión, se alce en armas y quiere que la infanta Cristina también vaya a prisión. Esta zurupeta que ha vivido de la crónica soberana, me refiero a la realeza y de tener todos los votos de castidad, o sea, la anti lujuria, se quedó absorta cuando en una entrevista le preguntó a Miguel Ríos, el cantante:

-¿Qué es lo que más te gusta hacer en esta vida?
– ¡Follar, cojones! -contestó el cantante.

Del show-espectáculo de los emigrantes en Valencia, mejor no hablar. Es la propaganda más soez del socialismo, el mismo que pedía que no se utilizaran políticamente los muertos. Pero este oportunista del poder por la puerta falsa utiliza cualquier cosa para perpetuarse en el Gobierno. El nieto del general Castejón (me abstengo del pareado). Su objetivo es Franco, ganarle la guerra, 79 años después. ¡Qué valiente!

Y de la exhumación del Caudillo, si se atreven, y se atreverán, nadie lo duda, hablaremos del Gobierno. Permanezcan atentos a la pantalla.

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