Análisis

Manuel del Rosal: «Sr. Isaac Hernández: Permítame opinar sobre su artículo referente al marketing político»

Manuel del Rosal: "Sr. Isaac Hernández: Permítame opinar sobre su artículo referente al marketing político"
Isaac Hernández, director general en España y Portugal de Google for Work. PD

«El marketing es ahora el instrumento del control social, y forma la raza impúdica de nuestros amos» Gilles Deleuze, filósofo francés

«Algunos científicos afirman que el hidrógeno, siendo tan abundante, es el bloque básico de construcción del universo. No estoy de acuerdo. Yo digo que hay más estupidez que hidrógeno, y eso es el bloque básico de construcción del universo» Frank Zappa, compositor, productor discográfico y director de cine estadounidense.

Los del marketing, como usted señor Hernández, saben muy bien que el marketing tiene éxito porque la estupidez humana no tiene límites. El que le escribe no tiene ninguna titulación en nada, su universidad ha sido la vida. Le digo esto porque puede que mis palabras y mis frases no sean todo lo políticamente correctas que debieran ser según los cánones establecidos por quienes establecen que es lo correcto y que no.

Durante 30 años trabajé como delegado de ventas de una multinacional norteamericana en una región de España. Cada tres meses nuestros gerifaltes nos reunían en un hotel de un puñado de estrellas para lavarnos el cerebro, lavado que serviría para que nosotros se lo lavásemos a los clientes que deberían comprar nuestros productos. Psiquiatras, psicólogos y economistas nos hacían participar en los cursos para «adoctrinarnos» e «intoxicarnos» con el mayor tóxico que ha inventado el ser humano: LA MANIPULACIÓN DE LA MENTE. Pocos escapábamos a ella, y los que escapábamos lo conseguíamos aplicando el sentido común y haciendo preguntas lógicas. Una que salía siempre era esta: «pero esa característica no la posee nuestro producto, eso no es verdad». La contestación por parte de nuestros gerifaltes: «La verdad es molesta cuando se busca el beneficio». Frase muy parecida a aquella de Ryszard Kapuscinski: «Cuando se descubrió que la información era un negocio, la verdad dejó de ser importante». En el marketing, señor Hernández, la verdad no solo no es importante, no existe; en el marketing político la palabra verdad ha sido enjaulada en los miserables, oscuros, mucilaginosos y profundos sótanos de la indecencia humana. Allí permanece encadenada. Hay una diferencia entre el marketing convencional y el marketing político y es que este nos quiere vender un producto que, la mayoría de las ocasiones, está corrompido, falseado y pasado de fecha. Ese producto es un hombre o una mujer vacuos, sin almendra, sin tuétano, sin nada que puedan aportar a la sociedad, pero barnizados por el oropel, las luces de neón, las bambalinas, los confetis y las palabras melifluas y carentes de cualquier sentido que, ustedes los diseñadores de ese marketing, ponen en sus bocas.

Últimamente asistimos a una campaña de marketing político que puede ser considerada como paradigma de campaña política para alguien que, no teniendo contenido, se le fabrica un continente. Me refiero al marketing político diseñado para Pedro Sánchez. Podríamos catalogar a esa campaña como la de «Ariel lava más blanco», pues todo en Sánchez- según sus mentores de marketing – es blanco y puro. Para conseguir que los ciudadanos queden extasiados ante tamaña blancura, nos muestran sus manos, sus gafas, su camisa, su avión, sus piernas de corredor, su perrita Turca etc. al tiempo que le han aconsejado que – al menos aquí en España – permanezca oculto. Y lo peor de todo esto es que muchos, muchos ciudadanos y ciudadanas verán a Sánchez bajo el prisma de ese marketing político y creerán que están ante el político más político en los anales de la política; debido a que la estupidez, cuando está unida al marketing, juntas crean un equipo más peligros que una piraña en un bidé. Y ustedes lo saben.

Usted dice en su artículo que el marketing político intenta sorprender y emocionar al elector. Usted debería saber que cuando se quiere alcanzar el poder manipulando las emociones y sentimientos de los ciudadanos, no estamos en democracia, estamos en Oclocracia que es la forma más degradante de gobierno. Y es eso lo que se busca con el marketing político: manipular los sentimientos y emociones de los ciudadanos para beneficiar al candidato y partido para los que trabaja ese marketing.

Con todos mis respetos señor Isaac, no estoy de acuerdo con usted. El marketing político persigue exactamente lo mismo que el marketing convencional: alienar las mentes de los ciudadanos para que «compren» su candidato, aun que este sea más malo que le ricino. Si estoy de acuerdo con usted en algo: el Demonio no es como el marketing, y no lo es porque el Demonio es mucho más honesto que el marketing, sobre todo mucho más honesto que el marketing político.
Atentamente.

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