Análisis

Santiago Lopez Castillo: «Derrocar la Monarquía»

Santiago Lopez Castillo: "Derrocar la Monarquía"
La Familia Real española. CR

Esto va a más. Los destructores de España siguen la senda diseñada para sus objetivos (la del bacalao también vale). Y a ello contribuye el don Tancredo que asaltó la Moncloa en pértiga de fibra independentista con resina adherente en la empuñadora para auparte mejor. Que se proclaman los amoríos del Emérito o vejan al actual, a mí plim, yo duermo en Pikolín. De modo que los que animan a la tercera, España será republicana, siguen a pies juntillas el libro de ruta para la desunión total del Estado.

Están en la fase del odio antifranquista, que, a su saber y no entender, es la resultante de la monarquía, que hay que derrocar a muerte. Hasta Radio 2, Clásica, no emite música clásica sino música de muerte. A saber: Franco yaciente, la dictadura, la represión, el miedo. Y si al régimen del Caudillo lo llaman así, ¿cómo hemos de calificar el desgobierno autoritario de este mequetrefe obsesionado con el poder? Somos el hazmerreír de Europa; no es extraño que los jueces alemanes de un land o tercera división revisen las sentencias de nuestro Tribunal Supremo. El Sánchez cum laude, revisionista, inoculador de odios, pastor de un rebaño en permanente balido, sigue repartiendo dádivas como si fueran cromos. Es la factura que ha de pagar por el apoyo de los secesionistas al reino de los cielos monclovitas. Nunca se vieron en otra: el asalto al poder y, por consiguiente, la desmembración de España. ¿Y qué me dice de su buenismo ante la llegada de los refugiados o emigrantes (los cursis les llaman «migrantes», deben tener migrañas), al llamamiento de venid y vamos todos…?

Pongámonos serios. Esto es un cachondeo. Se está abonando el camino para que Felipe VI se convierta en el hijo del emigrante, de Valderrama. Presos fuera, en vascuence o en catalán. O que se les aproxime a sus lugares de residencia donde extorsionaron y mataron mientras sus ejecutados crecían en el suelo como malvas rosas, descoloridas.

Ahondar en lo que está sucediendo cuenta con el apoyo vitalicio de la izquierda cerril y falsa. Para estos obnubilados, les recuerdo que, según Clarasó, odiar es un despilfarro del corazón, y el corazón es nuestro mayor tesoro. Mas estos abanderados de la democracia carecen de sentido y de sentimientos. Quieren arrinconar a la derecha. Fumigarla al más puro estilo nazi. No nada más que coger el ideario de Lenin: «Hable siempre sobre Democracia y Estado de Derecho. Pero en cuanto se produzca la oportunidad, asuma el Poder sin ningún escrúpulo».

¿Se exhumarán los restos del asesino de Paracuellos? Tiene calle y título de cum laude por matar. Así se escribe la historia: «… cautivo y desarmado el Ejercito nacional, las tropas republicanas han alcanzado sus objetivos. La guerra ha terminado». Qué orgulloso se sentirá este ruin, embustero y odioso ser que no tiene ni media hostia».

Sólo le falta a Sánchez que le lleven en andas y bajo palio por la Moncloa y lugares adyacentes.

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