Análisis

Manuel del Rosal: «La campaña electoral más larga jamás conocida desde que se inventó la democracia. Va a ser incluida en el libro Guinnes de los récords»

Manuel del Rosal: "La campaña electoral más larga jamás conocida desde que se inventó la democracia. Va a ser incluida en el libro Guinnes de los récords"
Guiness

El pasado día 31 de mayo con el inicio del debate para la moción de censura, comenzó la campaña electoral de Pedro Sánchez para ganar las elecciones en 2020. Dos años naturales va a durar esa campaña. Será la campaña electoral más larga jamás conocida en los anales de la democracia moderna.

El objetivo está claro, la forma en como conseguirlo, también. El objetivo: ganar las elecciones en 2020. La forma: sobornando al votante.

Pedro Sánchez sabe perfectamente que llegará al 2020, en eso no tiene duda; lo que no sabe es como llegará. Él quiere llegar en una posición ante el ciudadano que le permita afrontar las elecciones en primera línea de salida, en la pole position. Para ello en estos dos años de campaña va a hacer y a deshacer todo lo que tenga que hacer y deshacer para ganarse el voto del ciudadano, para ganárselo… o para comprárselo. Para llegar a 2020 solo tiene que pagar puntualmente las facturas que los que le apoyaron en la moción de censura, le vayan presentando. No les quepa la menor duda de que las pagará, para eso ha elevado el techo de gasto. El techo de gasto que este gobierno ha elevado un 4,4% y que va a retrasar el objetivo del déficit el tiempo que sea necesario para las cuentas de Pedro Sánchez, no vayan a creer – como predican todos los días sus ministros – que es para «cuadrar cuentas» y para atender cuestiones sociales: es básicamente para sobornar al votante hasta 2020 con las migajas del banquete que se van a meter ellos – Pedro Sánchez ha montado en un mes el mayor entramado de altos cargos de la historia de la democracia española. Ha duplicado el número de los que tenía Rajoy – y para pagar las facturas de los que le permitirán llegar hasta 2020. El último ejemplo de su desprecio hacia los españoles y su hipocresía con respecto a lo que antes decía y ahora hace, ha sido un viajecito -por supuesto acompañado por su mujer – a Castellón en el avión oficial para ver el concierto de su banda favorita; el importe del viaje se carga a los impuestos que todos pagamos, las entradas al concierto puede que también.

Lo que hasta ahora ha hecho Sánchez, a lo que llama gobernar, es prometer mientras él y sus ministros, ministras y altos cargos se atiborran y malgastan y despilfarran. Todo orientado a pagar facturas de apoyo y a manipular, sobornar y engañar al votante para que en 2020 le vote. Después, cuando haya ganado las elecciones, será otro cantar y vendrán los días que suceden a los de vino y rosas, exactamente igual que sucedió con Zapatero. Los ciudadanos, que son los que ponen y quitan a nuestros gobernantes, siempre se dejan deslumbrar por las promesas más que por los hechos, esta singularidad debería ser estudiada por los sociólogos, y cuando tras las luminarias encendidas para captar votos sobornando con unos pocos euros más al mes para el pensionista, con una tasa rosa para las compresas de las mujeres, con la desaparición del Diesel para los ecologistas, con la exhumación de un cadáver para quienes quieren ganar ahora la guerra del 36 etc. etc. vengan las rebajas, las estrecheces y la dura realidad – ¡parece mentira que hayamos tenido la crisis que tuvimos con Zapatero y el personal siga creyendo en los mismos que, otra vez, nos van a arruinar con un gasto desaforado, con un banquete del que el ciudadano tan solo va a recibir las migajas que van cayendo bajo la mesa! – nos preguntaremos en otro ejercicio más de estupidez, ¿cómo ha sido posible esto?

Y tiene Sánchez por delante dos años para sobornar y manipular, para levantar tómbolas donde siempre toca, cuando no es un pito, una pelota; para ofrecer, como los vendedores callejeros de antaño: «Y si usted, señora se lleva la manta, le regalamos el juego de sábanas de seda de Damasco». Dos años de la campaña electoral más larga que los anales de la democracia moderna registran. Dos años de luminarias, confetis, papelines, globos, regalos varios, promesas sin límite ofrecidas por Sánchez con esos gestos de niño bueno que jamás ha roto un plato y palabras dulces y melosas como si tal fuera un predicador que embauca para, terminado el discurso, pasar el cepillo. El que nos va a pasar a los ciudadanos nada más gane las elecciones y se olvide de nosotros, como aquellos que se acordaban de los pobres sobre los que habían venido a hablar, solo cuando acababan de llenar hasta la indecencia sus indecentes barrigas.

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