Análisis

Alejandro Nestor: «Míster Sánchez y la Fritanga Nacional»

Alejandro Nestor: "Míster Sánchez y la Fritanga Nacional"
PlagScam, el plagio y la tesis doctoral de Pedro Sánchez. EP

Pedro Sánchez se define asimismo en Twitter como «Padre». Así de claro. Padre a secas. ¿Padre de quién, Míster Sánchez? ¿Padre de la Patria al estilo de Hugo Chávez o el camarada Fidel? ¿Padre de convento que sermonea a las monjas en el confesionario? ¿O «padrecito» de diputados como los independentistas, los «falsos descamisados» de Podemos y los proetarras de Hipercor?

También afirma, en el mismo párrafo, que «… trabajamos por unas instituciones dignas». De nuevo, y sin pedir permiso a Sócrates, nos asaltan más preguntas, Míster Sánchez. ¿Dignifica usted a las instituciones universitarias al presentar una tesis doctoral supuestamente original en la que incorporó, según denuncia la prensa, hasta 44 informes, documentos y gráficos procedentes de investigaciones del propio Ministerio de Industria?

Estos documentos, junto con otros datos del Ministerio de Economía y Hacienda y de las Cámaras de Comercio podría ser el origen de casi la mitad de todo lo tomado prestado por usted en su tesis de 342 páginas. ¿Es esto una tesis original o un monumento a la fritanga intelectual nacional?

Pese a ello, Míster Sánchez, usted no tiene por qué avergonzarse, ¡por Dios!, ni poner cara de gangster siciliano. Un íntimo y apreciado amigo mío, profesor de periodismo de una Universidad madrileña, me decía hace ya treinta años que «plagiar es copiar de uno, e investigar es copiar de muchos.

¡Tampoco se preocupe por el prestigio de la Universidad española, Míster Sánchez! Porque, básicamente, ese prestigio nunca ha existido, a excepción de las carreras de ingenierías y de exactas. La Universidad española se ha caracterizado por ser una fábrica endémica de parados dada la incapacidad de los dirigentes políticos y la comunidad docente para discernir por dónde va la realidad y cómo hemos de preparar a nuestros jóvenes para superar los desafíos que la vida plantea.

A mediados de los años 90, cuando el dinero público empezó a escasear, los políticos animaron a la Universidad para que rentabilizara mejor sus recursos. ¡Espabilad … tenéis que buscaros la vida en el mercado privado!, les dijeron ¡Y cómo espabilaron! Las universidades y se lanzaron a «monetizar» sus títulos. Empezaron a alquilar aulario, a hacer negocio en instalaciones públicas con las escuelas de idiomas montadas dentro del campus universitario a precios de escándalo, en detrimento de las escuelas privadas de idiomas (esto, queridos, se llama «dumping»)

Y ahí empezó todo. Aparecieron los primeros BBA (los Bachelor in Business Administration), de inspiración estadounidense, y luego llegaron los masters de todo tipo. El master estrella entre los años 90 y 2000 fue el MBA de Esade. Costaba unos 3 millones de pesetas de la época (unos 30-36.000 euros en valor actual), pero te aseguraban trabajo fijo al terminar. Al parecer, según me contaron varios exalumnos del citado master, no pagabas tanto por el contenido de la formación recibida, sino por los contactos de la Bolsa de Trabajo de la institución repleta de un buen número de empresas nacionales y multinacionales. Es decir, la gente pagaba por poder entrar en el mercado de trabajo en unas condiciones dignas.

Los conocimientos prácticos adquiridos en estos estudios, sin embargo, dejaban mucho que desear. Recuerdo una apacible e interesante conversación con un amigo que se había doctorado en Recursos Humanos en esa institución, mientras paseábamos con nuestras parejas por el Puerto Olímpico de Barcelona, en la que me confesaba que él no sabía cómo confeccionar un buen currículum y defenderlo en una entrevista de trabajo. ¿Cómo?, le pregunté disimulando mi asombro. ¿Doctor que imparte clases universitarias de Recursos Humanos y no sabes cómo promocionarte en el mercado laboral? Él me miró con cara compungida y resignación budista, y ese día, definitivamente, perdí la poca fe que me quedaba en el sistema.

Hoy día, las universidades españolas venden títulos como si fueran rosquillas. Hay masters, cursos de especialistas, cursos de expertos, cursos y seminarios de todos los colorines y para todos los gustos. ¿Qué quieres ser un Experto en Liderazgo Político por una conocida universidad valenciana? Pues, apoquina 1.500 euros y, en tan solo un curso, podrás dejar en mantillas el liderazgo político de Martin Luther King o del mismísimo John Kennedy.

¿Qué quieres impresionar a tu chica el próximo verano? Apúntate a un curso universitario de «Buceador de 2 Estrellas», precio 300 euros. ¿Qué quieres hacerle la pelota a tu suegra? Págale un curso de «Alimentación Antiaging» en la universidad más próxima. Precio, 200 euros. «Cuida Tu Espalda» y «Alimentación Vegetariana» son los 2 últimos cursos que me llamaron la atención en la página web de la última universidad pública consultada. Estuve buscando uno que se llamara «Protege Tu Cartera de los Políticos» pero, desgraciadamente, no lo encontré.

El tribunal que evaluó la tesis del presidente del Gobierno la aprobó unánimemente con la nota más alta posible. Sin embargo, el doctor Sánchez cometió en su tesis errores garrafales, como confundir «billion» en inglés (es decir, 1.000 millones) con billón en español (es decir, un millón de millones). Ante tamaño disparate uno se pregunta, ¿leyó Míster Sánchez en voz alta que fabricar esos aviones costaría 20 billones de euros? ¿Oyeron o leyeron esa cifra los miembros del tribunal que, al final de la lectura de la tesis, calificaron la misma con un «Apto Cum Laude? ¿O, como buenos colegas, probablemente se jugaron la nota a los chinos en el bar de la facultad?

Los interrogantes sobre la tesis de Míster Sánchez, titulada «Innovaciones de la Diplomacia Económica Española: Análisis del Sector Público (2000-2012)», no terminan ahí. En sus conclusiones afirma que la acción decidida de diplomacia económica de la Comunidades Autónomas, entre otras instituciones estatales, ha favorecido e impulsado la internacionalización de la economía española

¿Se refiere usted, Míster Sánchez, a la acción decidida en el exterior de las llamadas «Embajadas Catalanas»? Inspiradas inicialmente por Jordi Pujol, el padre putativo del «prusés independentista», e impulsadas obsesivamente a partir del 2006 por el Gobierno Tripartito, las Oficinas Comerciales catalanas han hecho todo lo posible en el extranjero (untando y engrasando a periodistas, profesores universitarios, asociaciones de empresarios y políticos ávidos de euro fácil) para vender la idea de que «Catalonia is not Spain». Para vender el concepto de que España como nación no existe y de que nuestro país es un invento franquista.

El colofón de esta decidida acción de «diplomacia económica» sucedió cuando, en agosto de 2017, el Govern de la Generalitat llegó a pagar ilegalmente 60.000 dólares a Jim Courtvich, experto en relaciones públicas de la política norteamericana, para que éste promocionara la independencia de Catalunya en los Estados Unidos. Todos conocemos qué consecuencias tuvo la celebración del referéndum ilegal del 1 de octubre del 2017 y la declaración de independencia de 8 segundos del Expresidente Puigdemont.

Hoy día, en un mundo globalizado, 8 segundos pueden ser fatales para la imagen de un país y su economía. La declaración exprés de independencia de Catalunya provocó el encarecimiento inmediato de la deuda pública española en un 8 por 100 (miles de millones de más para pagar a los inversores e igual cuantía de menos para gasto en políticas sociales para los españoles), el hundimiento en un 75 por 100 de la inversión extranjera en Catalunya en el cuarto trimestre del 2017 (1.522 millones menos), la huida de más de 5.000 empresas y la caída del turismo.

¿Qué usted no sabía lo que se estaba cociendo en Catalunya y en sus Oficinas Comerciales por el mundo y, por ello, no reflejó sus eventuales consecuencias en su tesis? ¡Válgame Dios! Usted empezó su tesis antes del 2010, en plena cocción de la «escudella independentista» y, pese a que media España estaba ya impregnada de los vapores secesionistas usted, al parecer, no olió nada de nada. Quizás se deba a que, como la mayoría de los políticos de este país, usted centra sus investigaciones de campo en los cientos de refritos universitarios que pululan por los despachos oficiales , lejos de la cruda y compleja realidad.

Con estos antecedentes a muchos ciudadanos nos preocupa que usted sea el máximo responsable de la confección de los próximos Presupuestos del Estado, los del 2019, junto a sus compañeros de legislatura como Míster Pablo Iglesias (¡otro genio digno de mención: su visión sobre los logros de la economía bolivariana es digna del próximo Nobel de Economía!) y, por último, esos independentistas que posturean como gentes de bien y pacifistas de diseño mientras pretenden rajar a España de arriba a abajo.

Ante este panorama, sinceramente, a mí solo se me ocurre decir una cosa: ¡Socorro!

Alejandro Nestor. Periodista, Consultor de Empresas y miembro del grupo de Estudios Económicos del Partido dCIDE

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