Análisis

Jesús Millán Muñoz: “Auschwitz y el mal”

Jesús Millán Muñoz: “Auschwitz y el mal”
El campo de Auschwitz

La realidad es que el mundo lleva ocho décadas preguntándose por este enorme mal, gratuito e innecesario, tan cruel y tan violento, tan bien organizado instrumentalmente, como diría la Escuela de Frankfurt y cómo intentar entenderlo y comprenderlo, para que no vuelva a suceder.

Modestamente yo, como tantos millones de personas se han preguntado, a lo largo de los siglos y milenios el origen del mal, pero en concreto de este mal, que puede ejemplificar el mal del siglo veinte, en tantos miles de campos de concentración que se extendieron por el mundo, además de otros genocidios, y otras realidades tan negativas y tan perniciosas, que las personas de bien, aunque sean imperfectas, no saben como responderse, al menos yo. Pero eso no es óbice, para intentar, entender o dar una serie de pautas o preguntas que quizás, nos podrían ayudar a entender mejor el mundo, y quizás, evitar males sociopolíticos y de otro orden.

– ¿Si se observa la historia mundial, de todos los siglos y especialmente del siglo veinte, que podemos tener más datos, un aspecto que me llama la atención, en algunas entidades del mal, es que las máximas autoridades, cuándo no la Máxima en esa sociedad, parece que tiene graves problemas de personalidad, psicomoral o, y psicomental?

No pondré ejemplos, ni nombres, ni sociedades, ni épocas, la historia está llena de ellos.

¿La cuestión es, y qué? ¿Y qué hacemos si tal personaje que acabo siendo máxima autoridad de un Gobierno o de un Estado tenía altos niveles de «disfuncionalidad psicológica», o dicho de otro modo, que alguien en la vida normal y rutinaria, puede sufrir problemas psicopatológicos o de otro tipo, pero sus consecuencias, para su entorno y para él y para su familia, pueden ser graves pero limitados…?

¿Pero qué hacemos con una persona de Alto o Máximo nivel si tienes esos trastornos o entidades psicológicos… y, que sus normas o leyes o mandatos puede tener consecuencias negativas y perniciosas para miles de personas, docenas de miles, cientos de miles o de millones…?

¿Qué hacemos cuándo una persona, amparándose en una bandera o en otra, ha llegado al máximo poder, y ejerce dicho poder, entre otros motivos y causas, no el único, ya que tiene graves problemas psicológicos, psicopáticos o de otro tipo, que no le han impedido llegar al máximo poder, pero los tiene y entonces a la hora de ejercerlo utilizará dicho poder sin límite o sin medida, como hemos visto ha sucedido en tantas ocasiones…?

¿Qué hacemos y qué pensamos…?

¿Cómo tantas veces, se ha demostrado una persona con esas características, a veces, rodeado de un grupo selecto, que puede tener variables semejantes, apoyadas en una organización sociopolítica, casi siempre en una situación grave de una sociedad, generalmente, una enorme crisis, ha terminado ocupando el máximo poder, porque aunque tenga esa desarmonía profunda psicomoral, no le impide tener o no le ha impedido disponer de una capacidad racional instrumental de saber utilizar los modos y medios para llegar al máximo poder?

¿Qué puede hacer la democracia para defenderse de esas posibles o potenciales personalidades…?

¿Me pregunto qué habría hecho la antigua Atenas, ante este problema, qué solución habría buscado o diseñado o teorizado de haberse planteado dicha cuestión, que nos habrían dicho los padres de la democracia ateniense, ante este dilema…? ¿Qué nos habrían dicho Platón, Sócrates, Aristóteles, Herodoto, etc.?

Personalmente, es obvio que no soy Solón, ni Platón, pero indicaría tres conjuntos posibles de soluciones y respuestas:

1º Estudiar la posibilidad de analizar y estudiar, que las personas que ocupen un alto nivel de responsabilidad política, la máxima, pase antes, por un estudio psicológico serio, realizado diríamos a la sombra de la administración, por un equipo de psicólogos y psiquiatras, que estudien la personalidad del futuro Máximo Responsable de Gobierno o del Estado. Las personas que aspiren a ese alto cargo de la política. Y esto como una condición necesaria.

2º No admitir como máximo responsable del Poder Político a nadie, que no tenga al menos cincuenta años. Por lo tanto, que tenga una vida personal y una existencia de distintas responsabilidades a y en los distintos terrenos de la existencialidad humana. Por lo cual, la vida privada y la vida sociopolítica haya tenido tiempo suficiente para él o ella, haberse medido con esas responsabilidades. Y el resto de los ciudadanos perciban la personalidad real y profunda.

3º No pasar del máximo nivel de responsabilidad de una formación política, a la máxima responsabilidad política de una sociedad o de un Estado o de la Jefatura de Gobierno. Sino que antes haya pasado por cargos intermedios de la política, y después por altos cargos de la política, antes de llegar a la máxima responsabilidad.

Porque creo que esta es la única manera, de que esa persona se vaya conociendo a si misma, que el resto de ciudadanos también, que sus propias formaciones sociopolíticas, también observen su realidad a y en todos los sentidos…

Por cierto, pondría otras condiciones, y en otros artículos así lo he señalado. No desearía que ningún lector de este artículo fije la mirada en tal o en cual persona concreta de los agentes o actores en este momento en el suelo patrio. Cosa que harán lo que ellos quieran. Pero si que se fijen en el siglo veinte, y quizás, dilucidarán que estas sugerencias no son tan inapropiadas. Pero de todas formas, quién le pondrá el cascabel al león.

https://plus.google.com/118354057109613604628 © jmm caminero (17 septiembre 2018 cr).

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