Análisis

Santiago Lopez Castillo:» Panorama desde el puente»

Santiago Lopez Castillo:" Panorama desde el puente"
Franco en la Plaza de Oriente de Madrid. EP

Quienes no hayan visto una sola página real e histórica de nuestra guerra civil, creerán que el régimen de Franco fue algo así como una caza al conejo impulsada por los hurones en las madrigueras. Nunca se ha hablado más del Caudillo que ahora con el dictador y la dura y tiro porque me toca. El último ha sido un trasnochado ser llamado Lobatón que nunca fue nadie en las lides del periodismo serio y sí en descomponer una televisión nueva, innovadora y creadora de la que usted, o sea, yo, participó con mucho gusto. El oxidado creador de «Quién sabe dónde» se fue a una de las televisiones que pagan al 151 x 1 por dar al dictador por culo. Vamos, lo que se lleva y está en el libro de ruta de los destructores de España.

El bufo llegó a decir que la policía franquista le perseguía y hasta le ponían la pistola en la nuca. No, momia abominable, eso es incierto porque yo estaba en aquellos informativos en que tú te serviste para ir minando la televisión pública. Fuiste -cuénteselo todo- pieza desestabilizadora para la incursión del marxismo-leninismo en TVE. Formabas parte del sindicato de «El Porrón», además de por el pitorro, por el bar donde os reuníais en Pozuelo, con Rosa Mª Mateo, Tom Martín Benítez y Luís Mariñas, hijo del famoso Mariñas más franquista que Franco.

Pero hay que acortar los hechos porque son más largos que un día sin pan. Este desiderátum está favoreciendo el panorama actual. Nos encontramos ante la degradación, el crimen, el odio, el guerracivilismo. Tantéese la ropa. Estamos en manos de este bellaco que vendía su alma por recalar sus posaderas en la Moncloa. Cuya temporalidad es impredecible porque no se le echa ni con aceite hirviendo. Tiene como socio a ese impresentable Coleta, Pedro y Pablo, quien -casualidad, casualidad- allanó el camino del chavismo; o sea, la peste del siglo XXI. Y eso, con una nación, Venezuela, rica en recursos naturales.

Estamos, pues, en el camino de la destrucción. Y si Dios no lo remedia, la ruina está acodada a lo largo del camino. Pero el culpable de esta situación no la tiene otro que el traidor al orden constitucional, el plagista, doctor «honoris causa» en deslealtades y otros excrementos. Debo concluir diciendo, para aclarar las mentes de algunos colegas, caídos en la trampa, que el auge que se le está dando a «Vox» no llega por generación espontánea sino que se debe a la muy estricta orden de Pedro Sánchez para irradiar que la extrema derecha entra y sale en el Partido Popular.

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