Análisis

Santiago López Castillo: «Casado: una raya en el agua»

Santiago López Castillo: "Casado: una raya en el agua"
Pablo Casado (PP). EF

Por fin resonó en la cámara una verdad como templos. Lejos de ambages, eufemismos y circunloquios, Casado trazó una raya entre la Constitución del 78 y las hordas separatistas que quieren destruir España. Sí, señor Sánchez, usted es el sostenedor de toda esa ralea que quiere cambiar el sistema por una obsesiva república que tantos disgustos nos dio hasta desembocar en una guerra civil. El nuevo líder del PP puso firme a este retro-progre socialismo que se coló en la Moncloa por la puerta falsa. Sí, señor Sánchez, porque a usted le importa un pito una nación que, de seguir así las cosas, va derecha al sumidero. Sus intereses (soberbia en estado puro) son personales y dimanantes de su sentido mesiánico, espasmódico.

Resulta curioso, cuanto menos, que todos los que criticaban a Pablo Casado por su mesurada política, ahora le zurren la badana por -a juicio de ellos- sobrepasarse. Los corifeos de la izquierda, entre los que sobresale un gordito relleno que miraba contra el gobierno, al del PP se entiende, llamado Jáuregui, indigente cultural cuyo fundamento primordial es faltar al respeto a una formación democrática como es el partido conservador. El bofetón al egocéntrico Sánchez ha hecho saltar, igualmente, a Julita Otero que basa su programación en «spots» del PSOE, como el que lava más blanco.

No, zaherido y cobarde Sánchez, usted no puede dar ejemplo de templanza en su discurso cuando a Rajoy le llamó «indeseable» y «embustero». Se sostiene gracias a unos golpistas y filo terroristas más un desarrapado Coleta con poderes omnímodos después de colaborar para la destrucción de Venezuela. Y, encima, critica a Casado por decir una verdad como puños. Eso se llama cara. Claro, no caía en que él y ZP son hermanos siameses.

El empleado de El Corte Inglés, elevado a la magistratura del odio y la mentira, doctor en plagios diversos, apoya la insurrección catalana y sostiene que cagarse en Dios, en el Rey, la Constitución y las instituciones todas, más quema de banderas, es «libertad de expresión». Y tú puta, permítaseme la expresión.

Vuelva, pues, a la realidad que se le hace tozuda pero más a una ciudadanía que le desprecia, le aborrece y le quiere lejos de aquí, aunque sea en el «Falcon» o en un patinete urbano. Y con el añadido -para que lo sepa- que el PSOE es el partido más corrupto de nuestra democracia. He dicho.

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