ANÁLISIS

Jordi Rosiñol Lorenzo: «Atacar a la monarquía para desestabilizar España, o la venganza de un par de alcahuetes/as resentidos»

Jordi Rosiñol Lorenzo: "Atacar a la monarquía para desestabilizar España, o la venganza de un par de alcahuetes/as resentidos"
Felipe VI YT

El Rey Felipe al frente de la monarquía parlamentaría se ha consolidado en la España democrática. Antes de él, su padre, su abuelo y su bisabuelo prestaron un servicio que a menudo se olvida. Ésta es su historia.

El ser humano en general, y los españoles en particular tenemos una visión futura cortoplacista, y una desmemoria digna de estudio. Nos agarramos con uñas y dientes a un presente que no lee el pasado, y que mucho menos levanta la mirada al futuro.

No somos conscientes que tenemos un futuro esplendido cómo país, gracias al trabajo y sacrificio realizado en el pasado, innumerables personas han dejado su esfuerzo y en ocasiones hasta la vida por el conjunto de la sociedad. Que nada es perfecto y que todo es susceptible de cambio, o mejora es una obviedad, pero lo que no parece de recibo, es dinamitar la labor de siglos y demonizar a sus protagonistas.

España, pasional y emotiva, por carácter ensalza exagerada un día, y al siguiente te hunde de furia en los infiernos.

Para contrarrestar nuestra muchas veces vehemente pasión, nuestro país ha estado dotado de grandes y medidos intelectuales, a la vez que de valientes dirigentes.

En la actualidad, que recién iniciamos una nueva monarquía con el Rey Felipe VI, en un momento difícil, de deslealtad institucional que amenaza la integridad y el futuro de nuestra nación, en momentos tan delicados hay quién pone en duda y crítica el tono firme del monarca, firme pero democrático, aséptico al convulso entorno señala las líneas rojas de un proyecto conjunto de quinientos años, de los cuales los últimos cuarenta han sido los de máximo progreso, estabilidad y bienestar vivido nunca.

Cuarenta años de democracia protagonizada por el hasta hoy mejor Jefe de Estado que hemos tenido, Juan Carlos I, admirado y envidiado por repúblicas y monarquías en el mundo entero. encabezó una más que difícil transición, sorteó todo tipo de obstáculos hasta depositar el país en el mullido marco europeo, reposando paz y tranquilidad al mismo nivel que las grandes democracias mundiales.

Pero nadie se acuerda ya (da más dinero hablar de la vida privada por parte de alcahuetes que en otro tiempo se arrastraban por las moquetas de palacio haciendo reverencias) o quizás a las nuevas generaciones no le han explicado el sacrificio personal realizado por don Juan Carlos.

Abandonó a su familia a los nueve años, para quedar décadas bajo la gris tutela de una dictadura que odiaba a su propio progenitor y le tildaba a él de Juan Carlos el breve, o el Rey idiota, pero en realidad fue el más listo, se hizo el idiota para preparar en silencio el régimen democrático a semejanza al que no pudo desarrollar su padre en su día, junto con las diferentes sensibilidades de la sociedad, acompañado por unos pocos, arriesgados y valientes, dinamitaron desde dentro el régimen hasta conseguir que él mismo se suicidara, muchos cabos tuvieron que agarrar para que no se desbocara la cuadriga patria, todo el arco ideológico desde la izquierda a la derecha fue artífice de la libertad que disfrutamos, y que tan poco valoramos hoy en día.

Juan de Borbón navegando en el modesto Saltillo frente a la costa de Estoril supo pronto que una vez abandonado por los aliados, la única baza de instaurar la monarquía parlamentaria en España pasaba por su sacrificio dinástico, un nuevo sacrificio, igual que renunció a su vida de marino ante la llamada desde Roma de su padre el exiliado Rey Alfonso XIII.

Si la desmemoria se instala en las mentes actuales, con hechos tan recientes como los narrados en párrafos anteriores, que decir del denostado Alfonso XIII, cierto es que cometió muchos errores en su reinado. Sobre todo, no afrontar la modernización del estado en diferentes aspectos, económico, político y social. Se rodeó de una corte hipócrita que sólo decía lo que el monarca quería oír, hasta el punto de poner el país en manos de la dictadura del General Primo Rivera, a él en el suicidio político, y a España abocada a una Guerra civil por las prisas en cumplir con las legítimas demandas sociales, económicas y políticas de la sociedad, más las deslealtades históricas territoriales e ideológicas.

Cabe remarcar que después de cuarenta años de dictadura, lo sucesores enmendaron esos errores, se rodearon de la sociedad civil y se alejaron de interesados cortesanos. Todos estos datos son popularmente conocidos, pero el papel de Alfonso, la labor del monarca en la Primera Guerra Mundial pasa por la sociedad actual desapercibido casi por completo. Fue durante la terrible Gran Guerra, que tiñó de rojo el barro de las trincheras, y partió Europa de un dolor hasta entonces no conocido; en ese difícil contexto, fue en 1914 cuando recibió una carta desesperada de una lavandera francesa que le imploraba ayuda para encontrar a su marido desaparecido en la contienda.

Una vez movilizadas las embajadas españolas, lograron localizar a ese hombre, y ahí, en ese momento se inició la primera misión humanitaria de la historia. Y si fue en nuestro país, que como en la Segunda Guerra Mundial también fuimos un país neutral en la conflagración, pero no fuimos neutrales en la labor humanitaria. Cada mañana en unas dependencias habilitadas en palacio, con el Rey a la cabeza, ayudado por unas cuarenta personas, lograron salvar la vida de casi cien mil europeos de un bando y otro. En aquella época Alfonso XIII fue conocido como el Rey Bueno y fue candidato al premio Nobel de la Paz.

Nadie en la vida es capaz de hacerlo todo bien o mal, lo importante es que las nuevas generaciones aprendan de los errores cometidos en el pasado para enmendarlos, y poner en valor los aciertos, los valores y sacrificios de nuestros antepasados para así avanzar en el futuro. Quizás haría falta alimentar la memoria colectiva más allá de lo inmediato.

Jordi Rosiñol Lorenzo.

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