ANÁLISIS

Santiago López Castillo: «…Y Sánchez cogió su fusil’

Santiago López Castillo: "...Y Sánchez cogió su fusil'
Pedro Sánchez PD

El pacífico, buenista y mesiánico Sánchez cogió su cetme y se puso a pegar tiros. Es doctor en disparar a traición porque en la guerra sucia vale todo. Setenta años después de la contienda, el muy valiente ha declarado la guerra al general Franco.

– ¿A muerte…?
– A requete muerte.

Antes soñaba con Rajoy y ahora con el «dictador», qué sueltos de lengua están las izquierdas. Se ha calzado el mono de «rojo» que dice no mucho del otrora empleado de la planta de caballeros de El Corte Inglés. Pero el odio es superior a la venganza. Las campanas del Vaticano truenan de risa y al mismo tiempo se santiguan. Sus ministrillas y ministrillos vociferan de lado a lado, de oca en oca, su furia desatada, y al mal estilo y a la sin vergüenza se suma la socialista Rosa Mª Mateo, que no es periodista, sino locutora, que lee, llamando a un diputado popular «mezquino y miserable» (posiblemente, este adjetivo lo pronunció con uve).

– ¿No tienen estos tíos otras cosas que hacer…?
– Sería mucho pedir a unos caletres llenos de paja.

Y ahí está, en primera fila de saludo, el vacuo Ábalos (nada que ver con el Juan de Ávalos, escultor, artífice del Valle de los Caídos, republicano) enardeciendo pasiones en Paterna, Valencia, ante un auditorio febril, vengativo, sobre «los fusilamientos de Franco».

– ¿Alguien se acordó del martirologio de Paracuellos?
Diez mil almas murieron por su fe católica. El magnicidio se extendió por diversos puntos de nuestra geografía acompañados del «paseíllo» en camiones o con expeditas ejecuciones que se reflejaban en las carnicerías con un gancho al cuello: «Se vende carne de cerdo», referida a curas y creyentes, claro. Los ignorantes que hablan porque tienen boca, no paran de referirse al Caudillo. Tan es asó que un tonto útil como el ex portero argentino del Salamanca D’Alessandro dijo que cuando llegó a España los futbolistas estaban atorados debido «a las torturas que les había infringido el franquismo». Si, Franco estaba a la salida de los vestuarios aporreando las cabezas de los jugadores para que no marcaran un gol, sí señor.

– Oiga, ¿y para cuándo volarán la lápida del asesino Carrrillo…?

Sigue con su calle, su ilustrado título «cum laude», pero los falsos demócratas -o sea, la ultra izquierda sanguinaria- le consideran «un hombre de paz». Como Otegui y su puta madre, con perdón. Lo dicho: el que no respeta la historia está condenado a repetirla.

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