ANÁLISIS

Santiago López Castillo: «El PP, a medio gas»

Santiago López Castillo: "El PP, a medio gas"
El líder de los populares en el Parlamento Europeo, Esteban González Pons. PD

Aún andan deshilachados estos hijos de Helena en versión moderna, en tanto en cuanto los clásicos juegan al mus con Tucídides y Jenofonte. La verdad es que entre los desvaríos de un gobierno inane y los aprovechados de este país en extinción, hay que tener fuerza de voluntad, por no decir fe ciega, para albergar alguna esperanza. La mirada recae en el Partido Popular que nos dio algunos buenos momentos y no pocos quebrantos. Bien es cierto -en honor a la verdad- que su potencial de primera formación política de la nación siempre es blanco de todas las iras y hacia ella recaen las saetas más envenenadas.

Llegó lo que cabía esperar, no sin antes advertir Pío Cabanillas, como zorro gallego que fue, que no sabía quiénes eran los nuestros ni tampoco los adversarios. Ahora están en esa nebulosa de si alcanzar el monte, la montería, o arrastrarse por la vereda. Me da la impresión (y perdón por si me meto en vías este entuerto) que ha habido mucho condumio, trinque, y demás fiestas de guardar. Pero aquí, con los desmanes que está haciendo este gobierno inane, oh, casualidad, sólo se habla de Rodrigo Rato que se fue a la trena por 90.000 euros devueltos en el caso de Caja Madrid mientras Narcis Serra se irá de rositas porque lo importante es el partido, el trinque por el trinque y que para eso está el mayor embustero del reino, el que proclama cínicamente la libertad os hará libres y una mierda.

El PP, a lo que iba, está dando gestos de parvulario en esta fase de su recomposición política. Hay muchos balbuceos. Excesivos. Imagino que eso lleva su tiempo. Pero la pregunta es: ¿Pablo Casado está generando ilusiones? Hasta la fecha, mis noticias son que grandes militantes de Génova que ocuparon brillantes gestiones en la última década, por fas o nefas están arrumbados al silencio, no han tenido una generosa llamada del nuevo jefe del Partido Popular. Bien está la renovación pero nunca el olvido cuando la savia nueva prometió un partido «integrador» en el que cupieran todos. Aquí hay que echar mano -como tantas veces se hizo- de los equipos de fútbol cuya fórmula para el éxito era la conjunción de un equipo mitad joven, mitad senior.

Pienso que Génova se ha amilanado con la Cospedal y el turbio e inquisidor Villarejo por el aluvión de hostias llovidas desde el PSOE, mientras la ministrilla de Justicia -fiscal del Estado años atrás-se resistía a dimitir. Sánchez, que es malo a rabiar, pero no tonto, ha conseguido que la ex secretaria general del PP dimitiera impidiendo que fuera de candidata a la alcaldía de Madrid o a Castilla-La Mancha donde ganó las últimas elecciones. Pero Page, ex secretario de Bono, pelotillero al cuadrado, se dio el pico con El Coleta, mamporrero de Sánchez como hace en otros lugares de la quebrada nación española.

PD.– Esteban González Pons, gran parlamentario, debería asentarse en Madrid y no en Bruselas.

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