ANÁLISIS

JORGE DEL CORRAL: LA OCUPACIÓN DEL ESPACIO PÚBLICO Y LA INJERENCIA EN EL PODER JUDICIAL DE LOS PARTIDOS POLÍTICOS AHOGA LA DEMOCRACIA Y MARCHITA LAS INSTITUCIONES

JORGE DEL CORRAL: LA OCUPACIÓN DEL ESPACIO PÚBLICO Y LA INJERENCIA EN EL PODER JUDICIAL DE LOS PARTIDOS POLÍTICOS AHOGA LA DEMOCRACIA Y MARCHITA LAS INSTITUCIONES
Políticos, política, vida pública

La ocupación del espacio público por los partidos políticos es en España impúdica y creciente, hasta el punto de que está ahogando la democracia y marchitando las instituciones. Justo lo contrario de lo que necesitamos para estos tiempos.

Esta apropiación acabó con la mayoría de las Cajas de Ahorro, beneméritas instituciones cuya creación se remonta en España a los Pósitos y Montes de Piedad de los siglos XVII y XVIII, que además de guardar los ahorros de los ciudadanos tenían un lugar en el que empeñar y desempeñar objetos cuando había necesidad, y una Obra Social que se ocupaba de los menesterosos y sufragaba gastos del común al que los ayuntamientos no llegaban o descuidaban.

Ya sabemos el final de casi todas esas entidades tras el saqueo de partidos y sindicatos, y el mirar para otro lado del Banco de España, que ni vigilaba ni mandaba. Ahora lleva el mismo camino la Universidad, en la que la endogamia (un 73% de los profesores dan clase en la misma Universidad en la que leyeron sus tesis doctorales), sus redes clientelares, la depreciación del mérito y el esfuerzo, y el favor descarado «a los míos» esta devaluando los títulos hasta dejarlos en papel mojado, tras otorgar doctorados como churros para cumplir con las exigencias del Plan Bolonia (50% de doctores entre el profesorado y de ellos el 60% acreditados por una agencia nacional o autonómica) y atentar de esta forma contra la confianza que la sociedad ha depositado en la Universidad y en sus principios de libertad de cátedra y autonomía de funcionamiento. De papeles para todos a títulos académicos para todos, aunque sean ágrafos.

Esta necesidad de credenciales que disfracen el currículum de muchos políticos tiene causa en que, cada vez más, proceden de las juventudes de sus formaciones, en donde la precocidad política les procura cargos públicos desde casi la pubertad sin acabar o empezar la Universidad. La mayoría de los nuevos políticos del PP, PSOE, PNV (Euzko Gaztedi Indarra), ERC y la antigua CiU, ahora PdCat, mañana Crida Nacional per la República y pasado mañana Qué Provechoso fue Mientras Duró (QPfMD), comparten este rasgo por culpa de un sistema de acceso a la política que crea profesionales de la cosa pública sin salida fuera de ella y que bloquea el acceso a independientes con más conocimientos y experiencia de la vida en sociedad.

En palabras de un ex dirigente popular, «Es gente que entra de joven en política y aprende de sus mayores a apuñalar al rival y a ganar un congreso del partido. Eso lo hacen bien, pero es lo único que saben.

Ahí sólo importa trepar, no estudiar. Pasados los años se dan cuenta del problema que tienen, se acomplejan porque están tratando todo el día con altos funcionarios y gente de la empresa privada, y buscan que les pongan sellos en el currículo» (másteres, doctorados, cursos de nombres largos y palabras vacías, y a poder ser en inglés). Y para satisfacer la ansiada titulitis nada mejor que excitar la voracidad de los partidos por ocupar todo el espacio posible y colocar a sus conmilitones en puestos pagados directamente con dinero del contribuyente o en instituciones que se nutren básicamente de los presupuestos públicos mediante financiación directa o subvenciones. Y aquí está también la Universidad (varias, no todas), permeable al poder político y a la lisonja partidista, que resulta mayor y más descarada allí donde un partido se perpetúa en el poder.

Otro ejemplo de todo esto es la obscena invasión que Pedro Sánchez, nuestro flamante Presidente del Gobierno, ha hecho de organismos públicos como el Centro de Estudios Sociológicos (CIS), Correos, Loterías,…, nombrando a amigos y militantes del PSOE para que trabajen a su favor.Y la de todos los partidos, excepto Ciudadanos, invadiendo la esfera del poder judicial mediante el nombramiento de los integrantes del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) y hasta de su presidente, que lo es también del Tribunal Supremo (TS), convirtiendo el órgano de gobierno de los jueces en un apéndice del poder ejecutivo.

Ahora y gracias a la metedura de pata de Ignacio Cosidó, portavoz del Grupo Parlamentario Popular en el Senado y a la posterior reacción del nuevo presidente in pectore del TS y del CGPJ, Manuel Marchena, renunciando a ser «candidato» al cargo previamente aceptado por él y acordado entre el PSOE y el PP, esta cocina y sus cocineros pueden trasladarse con honores a Masterchef celebrity de TVE y dejar para otros fogones más democráticos la elección del órgano de gobierno del tercer poder del Estado, aunque para ello tengamos que esperar mejores tiempos y prolongar el mandato de los actuales.

Este sistema perverso de ocupación de las instituciones del Estado por los partidos políticos -los nuevos y los viejos tuneados- es el que el académico y escritor francés Jean d’Ormesson ha precisado con un palabro que pronto será de uso común: L’ineptocracie, a la que define como «el sistema de gobierno en el que los menos preparados para gobernar son elegidos por los menos preparados para producir, y los menos preparados para procurarse su sustento son regalados con bienes y servicios pagados con los impuestos confiscatorios sobre el trabajo y riqueza de unos productores en número descendente, y todo ello promovido por una izquierda populista y demagoga que predica teorías, que sabe que han fracasado allí donde se han aplicado, a unas personas que saben que son idiotas».

No me dirán que no define bien la actual democracia occidental, en muchos países, incluido España, en manos de jóvenes políticos a los que la sociedad les dio hecho casi todo y que ahora varios, algunos con ayuda de jóvenes argentinos importados, quieren poner patas arriba porque no siempre ocurre lo que ellos quieren.

JORGE DEL CORRAL

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