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Rafael López Charques:»El no gobierno»

Rafael López Charques:"El no gobierno"
Pedro Sánchez (PSOE) intenta pactar con Quim Torra y sus violentos CDR. EP

Los acontecimientos que se suceden día tras día, nos llevan indefectiblemente a tener la esperanza, de que cada vez les queda menos a nuestros, en su mayoría «gloriosos políticos», para seguir entreteniendo o embaucando, en este caso da igual, a los ciudadanos con su palabrería barata, con la que solo buscan mantenerse en el poder, o alcanzarlo, al precio que sea.

En el aniversario de la Constitución unos cuantos diputados no se dignaron aplaudir. Se puede estar de acuerdo o no con la Carta Magna, pero a quien no le guste, en la misma se establecen los cauces para modificarla; no es necesario para protestar, acudir a un acto protocolario y faltar maleducadamente al protocolo.

Claro que peor ejemplo dieron aquellos que no asistieron por ser un acto de España, pero no les importa cobrar todos los meses un buen sueldo de la misma, que seguramente no ganarían si se dedicasen a otra cosa.

El problema principal que tenemos es el actual «no gobierno», que cada vez se asemeja más a un grupo de amiguetes (y amiguetas), varios de ellos especialistas en montar sociedades instrumentales y similares para pagar menos impuestos (para eso está el pueblo), al tiempo que pregonan que su imagen está «intacta» y que su obligación es «mantenerse».

Creíamos que la obligación de un gobierno es gobernar, no el de mantenerse en la poltrona haciendo todas las concesiones que sean necesarias, desdiciéndose, mintiendo, etc., o lo que sea, para ello.

A final de la semana tendremos otro acto de difícil clasificación, ¿folklórico?, ¿propagandístico?, ¿de sumisión?, ¿de peloteo?, etc. Lo que si ya sabemos es que nos va a costar a los españoles trescientos mil euros, pero para eso estamos, para pagar. Nos referimos al hecho de que el Consejo de Ministros se celebre en Barcelona. ¿Qué pretende el «no gobierno» con ello?

Como aperitivo del acto, les mandan tres cartas a los separatistas explicándoles lo bien que se portan con ellos, su política de contención, (es decir, de bajada de pantalones) y el presidente pide una entrevista a su representante en la comunidad, a lo cual este último parece ser que le ha dicho que si, pero que se hablará de todo, en otras palabras, le pone las condiciones. ¡Vale!

La situación, un tanto en ebullición, se complica con las declaraciones del jefe de la administración española en Cataluña, poniendo como ejemplo lo acontecido hace unos años en una república balcánica, en unas circunstancias y con unos antecedentes en nada parecidos a los catalanes, que costó varias decenas de muertos y bastantes más heridos.

¿Es lo que desea? Intuimos que sí, que lo ha meditado durante su grotesca mini huelga de hambre. No dudamos de que si por desgracia ocurre, él se pondrá en primera línea de fuego para tener el honor de ser el primer muerto, y no escapará como hicieron otros valientes bocazas.

La perspectiva, sin ser fatalistas, no es buena. Si el «no gobierno» hiciese lo que tiene que hacer, que es gobernar, y se dejase de querer dar la imagen de bueno por encima de todo, no estaríamos en la preocupante situación de incertidumbre actual. ¿Qué va a pasar? Todo apunta a que nada bueno.

Lo triste es que lo estamos viendo. Los CDR, alentados por el principal nazi-catalanista, ya han repartido un manual dando instrucciones para la violencia calleja, es decir, guerrilla urbana.

Las hazañas del «no gobierno» no pueden hacernos olvidar otra noticia, unas declaraciones del jefe de los morados, que nos han dejado con la boca abierta. Hasta ayer, el régimen venezolano bolivariano era un ejemplo a seguir, no se cansaban de repetirlo quizás porque según rumores insidiosos, ellos habían sido parte de sus autores intelectuales, por lo que lógicamente habían cobrado. Pues bien, de la noche a la mañana, resulta que es un régimen «nefasto». La pregunta es inevitable, ¿estos chaqueteros descarados son los que van a arreglar el país?

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