Análisis

F. A. Juan Mata Hernández: «Ni Carmena, ni Carmona ¿Qué hay del Teatro de Madrid?»

F. A. Juan Mata Hernández: "Ni Carmena, ni Carmona ¿Qué hay del Teatro de Madrid?"
Carmena y la A-5

Ni las pintadas, ni el botellón, ni el tiempo que lleva cerrado expresan lo que debiera ser y no es hoy el Teatro de Madrid. Y no se podrá alegar en este caso «desconocimiento», pues el portavoz del grupo del PSOE en el Ayuntamiento de Madrid, don Jaime Lissavetzky, denunciaba en 2014 al gobierno municipal, entonces del PP, del «… grave deterioro que sufre el Teatro de Madrid», en su opinión, «… a causa del abandono y la desidia». Señalaba que el centro estaba cerrado desde tres años antes y que la suciedad, las pintadas y los cristales rotos se habían apoderado de una sala que fuera símbolo del proyecto: Madrid Capital de la Cultura Europea, en los años noventa. El caso es que serían ustedes, señores del PSOE, socios ahora de Podemos en el ayuntamiento, quienes debieran responder a esa desidia y abandono de cuatro años más ¿Con qué cultura han regado para enlucir uno de los, según sus palabras, «… mejores escenarios de Madrid» Pero claro, no son los problemas lo que importan, sino el poder que se pretende alcanzar con su denuncia.

Les recuerdo que está situado en el que sería, al menos teóricamente, uno de los graneros de voto socialista, el populoso Barrio del Pilar. No comparo, no denuncio, sólo contemplo y deduzco que las proclamas políticas son, casi siempre, temporales, interesadas y demagógicas. Después de todo, y ya desde el Imperio Romano, los votantes queremos pan pero también circo.

Hay un sentido de irrealidad y un reflejo de incultura que no ayuda tampoco a la confianza en los políticos que presumen de pretender alejarla. La solución a esta situación ya no debe ser sólo una aspiración; es una decisión impostergable, un desafío que nos atañe a todos. A la vista de ello, y porque imagino que no tienen ni buscan ideas sobre cómo eliminar ese purulento grano que tienen en la Vaguada, querría hoy presentarles alguna.

Si nos planteamos que la vida no pasa de ser una ficción, o un sueño, como decía Calderón, no está de más que todos aprendamos a soñar. Y para ello necesitamos instrucción, técnica, tablas… en fin, lo que aporta por arrobas el teatro. He tenido la suerte de leer el borrador de una tesis extraordinaria sobre la necesidad de introducir el teatro en el arte, el diseño y la educación; por ello, al contemplar el derroche cultural que supone la situación actual del Teatro de Madrid, me pregunto si las reiteradas Leyes de Educación, tanto nacional como autonómicas, no debieran dar mayor protagonismo e importancia a esta asignatura.

No resulta fácil ni barato construir un teatro, y de ahí la necesidad de preservar los que ya tenemos. Queda el asunto de la rentabilidad, tan necesario siempre para justificar una obra que no se quiera medir en gradientes de cultura. Para satisfacer ese extremo, tendríamos la opción de convertirlo en un centro de interpretación colegiado con las universidades madrileñas, que compartirían y financiarían alícuotamente su recurso. Del mismo modo se podría integrar también con los institutos más próximos, como el Príncipe Felipe, el Gregorio Marañón, Isaac Newton, etcétera. Un aula de formación e interpretación, abierta al público los fines de semana, con programación innovadora, como una nueva vanguardia europea digna del movimiento filosófico que Dalí y Lorca iniciaron con sus «putrefactos»; algo que daría vida y nuevos horizontes al Teatro de Madrid.

Ya sé que hay instituciones modélicas como la Universidad Antonio de Nebrija, o la Sur Uc3M, donde se percibe cierta sensibilidad hacia las artes escénicas, y que incluso se producen representaciones teatrales periódicas de una u otra en el Teatro Cofidís y en el espectacular centro de Bellas Artes, pero no veo que muchas otras Facultades o Escuelas Técnicas hayan integrado en sus Planes de Estudio, todavía nada que facilite la expresión del conocimiento que reciben los alumnos. La puesta a disposición del Teatro de Madrid como medio para ello, podría ser un buen argumento.

El miedo escénico
Cuando a un titulado universitario le preguntan sobre algo de su competencia, suele contestar adecuadamente. ¿Por qué? Debido a que ha estudiado y conoce la respuesta. Sin embargo, cuando debe exponer en público sus conocimientos, no siempre se desenvuelve con igual soltura. Perder el miedo a hablar en público y saber expresarse es básico para la vida laboral, pues habrá que presentar planes, proyectos, conferencias, ruedas de prensa,… Y las artes escénicas son una de las posibles respuestas.

La ansiedad que provoca dirigirse a un grupo numeroso de gente suele ser algo normal, incluso para quienes lo hacen a menudo. Pero podría llegar a convertirse en un problema grave, la glosofobia, o miedo extremo a hablar en público. Es una enfermedad más habitual de lo que uno pudiera imaginar y causa de graves problemas de relaciones sociales, y laborales. Quizá fuera este uno de los principales miedos que tenemos los seres humanos. Se ha llegado a decir, trivializando el problema, que en un funeral, la mayor parte de las personas preferirían estar dentro del ataúd antes que tener que salir al ambón para hablar sobre el difunto.

¿Y es algo que el teatro podría resolver? Claro que puede, con aprender a ver que no somos nosotros quienes estamos en el escenario sino el personaje que creó el autor. En una obra cómica acabaríamos riéndonos de nosotros mismos y entonces el miedo estará superado para siempre.

Estoy cansado de repetirlo en la clase de teatro que se organiza en el Colegio Virgen del Pilar. Allí, hace unos pocos años, Beni, una monja de la Compañía de María, nos trajo la clase de teatro para la escuela de adultos, y el resultado fue un éxito total. Hoy rara es la alumna que no desea participar y enriquecer su experiencia asumiendo un papel en cada obra. En vísperas de la próxima Semana Santa representaremos una comedia asturiana escrita por mí, «El duende del Kierche» a la que todos ustedes, usted también señor Lissavetzky, están invitados. Claro que el aforo del patio del colegio es muy limitado y nos condicionará. Por eso nos hubiera gustado, pues somos algo utópicos, poder representarla en un escenario como el del Teatro de Madrid, pero me temo que no llegarían ustedes a tiempo para adecuarlo, por más que les interesara políticamente, pues las próximas elecciones municipales y autonómicas están muy cercanas.

(F. A. Juan Mata Hernández, c. t.)

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