ANALISIS

¿No ha pensado Santo Padre que Ceuta y Melilla merecen tener fronteras tan seguras como las del Vaticano?

La Santa Sede tiene la mayor parte de su perímetro protegida por un muro y guardias con armamento moderno

¿No ha pensado Santo Padre que Ceuta y Melilla merecen tener fronteras tan seguras como las del Vaticano?
El Papa Francisco y la Guardia Suiza del Vaticano, en traje de paseo. EP

Escribe @ElentirVigo este 1 de abril de 2019 en Contandoestrelas que desde hace tiempo esta notando una gran confusión de términos al hablar de ciertas cuestiones desde un punto de vista católico.

Y que hoy se va a ocupar de las relacionadas con la inmigración ilegal (El Papa Francisco ‘bendice’ el Islam y no tiene una palabra en Marruecos para los cristianos perseguidos en tierras islámicas).

Anoche, La Sexta emitió una entrevista que le concedió el Papa Francisco a Jordi Évole, un periodista de extrema izquierda que ha defendido a los fans de chavismo y a los separatistas radicales de la CUP, y que ha dedicado todo tipo de insultos a VOX y a quienes simpatizamos con ese partido (La hipocresía del anticlerical Jordi Évole: de burlarse de los católicos a entrevistar al Papa Francisco antes que la COPE).

Hay que recordar, además, que hace unos años Évole hizo programas ofendiendo gratuitamente a los católicos.

Francamente, me pasma que la Santa Sede haya desatendido las demás peticiones de entrevistas de otros medios (incluidos los de la propia Iglesia) y acceda a la petición de un periodista hostil a la Iglesia y conocido por sus manipulaciones y, en concreto, por hablar mal de España mientras se dedica a blanquear una dictadura comunista como Cuba, en la que se violan los derechos humanos más elementales (¿Por qué el Papa Francisco da una entrevista a Jordi Évole que sirve en España como arma contra la derecha? ).

¿Acaso la Santa Sede desconocía el perfil de Evole?

No voy a entrar a analizar todo el contenido de la entrevista ni las tendenciosas preguntas hechas por Évole, en su intento de manipular al Papa. Me centraré solamente en el tema de la inmigración (¡Manda huevos!: El Papa Francisco dice que viajará a España ‘cuando haya paz’).

En un momento de la entrevista, Évole le preguntó al Papa sobre el proyecto de Trump de levantar un muro en la frontera con México. Tras una pausa, Francisco dijo:

«el que levanta un muro termina prisionero del muro que levantó», y añadió: «la alternativa son los puentes».

Évole también preguntó al Papa qué diría a los católicos españoles que rechazan la inmigración.

Francisco dijo: «Leed el Evangelio y sed coherentes».

Desconozco qué católicos españoles están contra la inmigración. Yo particularmente soy contrario a la inmigración ilegal, que no es lo mismo que estar contra la inmigración legal (La confesión del Papa Francisco: «La Santa Sede fracasó en su mediación en Venezuela»).

Como muchos gallegos, he tenido familiares emigrantes que han ido a vivir a otro país, pero lo han hecho legalmente, y no intentando acceder de forma ilegal.

En relación al asunto que nos ocupa, cabe recordar que el Papa es el Jefe del único Estado independiente del mundo que tiene la mayor parte de su perímetro protegida con un muro.

La frontera entre el Vaticano e Italia tiene una longitud de 3,2 kilómetros, y en gran parte está formada por la llamada Muralla Leonina, construida en el siglo IX y con muros de hasta 14 metros de alto.

Para proteger las fronteras y los 0,44 kilómetros cuadrados de superficie de este pequeño país, que no llega ni a los 1.000 habitantes, el Papa cuenta con la Guardia Suiza Pontificia, compuesta por 110 soldados, y con la Gendarmería del Vaticano, formada por 130 agentes.

La Santa Sede es, con diferencia, el país con más soldados y policías por habitante. Para desempeñar su misión, ambos cuerpos tienen un arsenal que incluye pistolas automáticas, subfusiles y fusiles de asalto (España está mucho mejor de que lo que dice este Papa, que no condena la tortura en la Venezuela chavista).

Desde 1903 los Papas han residido en el Palacio Apostólico, situado en el extremo oriental de ese recinto amurallado, al lado de la Plaza de San Pedro. En 2013 Francisco eligió como residencia la Casa de Santa Marta, también situada dentro de las murallas del Vaticano, concretamente en su extremo sur, junto a la Puerta del Perugino, equipada con una garita y con varias cámaras de seguridad.

Ciertamente, el Vaticano es conocido por la Plaza de San Pedro, cuyo extremo oriental está permanentemente abierto, pero el acceso a la Basílica está vigilado y se suelen formar colas debido a los controles de seguridad.

La Ciudad del Vaticano no admite inmigrantes ilegales

Por otra parte, no puede quedarse a residir en el Vaticano todo el que lo desee. Están autorizados un cierto número de cardenales, clérigos, religiosos, los miembros de la Guardia Suiza y varias decenas de laicos.

La ciudadanía vaticana es un privilegio reservado a unos pocos, que se obtiene en muchos casos cuando una persona es designada para trabajar en la Santa Sede, y se le concede también a los familiares más inmediatos de esa persona si viven junto a ella. Una vez se termina el contrato, la ciudadanía vaticana se pierde (Papa Francisco: «Yo no creo que sea un sacrilegio llamar Dios a Messi»).

Así mismo, en la Santa Sede hay varios cientos de residentes que no poseen la ciudadanía vaticana, pero necesitan un permiso de residencia para poder permanecer en ese pequeño Estado. Un permito por tiempo limitado, que sólo se concede a familiares de personas con la ciudadanía vaticana, a los colaboradores domésticos de éstos y a aquellas personas que las autoridades vaticanas consideren conveniente.

Se trata de autorizaciones que «son revocables en cualquier momento con la debida notificación», según el Artículo 6 de la Legge N. sulla cittadinanza, la residenza e l’accesso de febrero de 2011.

Dicho sea de otra forma: la Ciudad del Vaticano no admite inmigrantes ilegales.

Desproteger una frontera es tan irresponsable como desproteger tu hogar

Por supuesto, Francisco no es el responsable de que su pequeño país esté rodeado por una muralla (él no la construyó). Por otra parte, es comprensible que el Vaticano cuente con unas grandes medidas de seguridad, ya que el Papa es un líder de relevancia mundial.

Sería absurdo pedirle al Papa que viviese en un lugar sin ningún tipo de seguridad, empezando por la más elemental, que son las barreras físicas para impedir la entrada de extraños. De hecho, todos tenemos hogares con paredes y con puertas por las que no dejamos pasar a cualquier desconocido.

Cualquier persona cometería una grave irresponsabilidad si deja entrar a un desconocido en su casa y le deja quedarse a vivir. Todo el mundo tiene el deber de proteger a su familia frente a los posibles intrusos.

Esto es algo válido para cualquier cultura, no sólo la occidental. Lo que pedimos muchos en relación a la inmigración ilegal es que nuestras fronteras sean tan seguras como nuestros hogares y como lo es, por ejemplo, la frontera del Vaticano.

Reclamar a un gobierno que abra sus fronteras y deje quedarse a vivir a todo el que entre en el país es tan criticable como pedirle a alguien que desproteja a su familia y deje a cualquier desconocido entrar y quedarse en su hogar. Hacer esa exigencia en nombre de la caridad es tergiversar el concepto mismo de caridad, que es incompatible con poner a nuestros seres queridos en peligro.

Lo que decían San Juan Pablo II y Benedicto XVI sobre la inmigración ilegal

Por supuesto, a la hora de rechazar la inmigración ilegal no me siento en contradicción con la doctrina de la Iglesia. En 1995 el Papa San Juan Pablo II dijo:

«Es preciso prevenir la inmigración ilegal, pero también combatir con energía las iniciativas criminales que explotan la expatriación de los clandestinos. La opción más adecuada, destinada a dar frutos consistentes y duraderos a largo plazo, es la de la cooperación internacional, que tiende a promover la estabilidad política y a superar el subdesarrollo».

En la misma línea, el 12 de octubre de 2012 el Papa Benedicto XVI alertó sobre la «inmigración irregular» y sobre el «tráfico y explotación de personas», que tachó de «crímenes» que «han de ser decididamente condenados y castigados», proponiendo como soluciones, entre otras, las «intervenciones orgánicas y multilaterales en favor del desarrollo de los países de origen».

Un punto del programa de VOX que Jordi Évole olvidó citar

Lo que proponían esos dos grandes Papas, ayudar a los necesitados en sus países de origen, es lo que está haciendo Polonia, un país tachado de insolidario y de xenófobo por la izquierda por el mero hecho de no admitir la inmigración masiva. En la misma línea que los citados Papas y que Polonia, el punto 21 del programa de Vox propone lo siguiente:

«Ayudar a los países en desarrollo, víctimas también de las mafias de tráfico de personas, que debilitan sus naciones extrayendo sus recursos humanos y económicos para ofrecerlos luego como esclavos en Europa».

Seguro que a Jordi Évole se le olvidó mencionarle todo esto al Papa Francisco. Vaya despiste. También se le olvidó citar los riesgos a los que se enfrentan los guardias civiles de Ceuta y Melilla cada vez que los inmigrantes ilegales asaltan las vallas, y las heridas que han sufrido los agentes durante esos asaltos violentos.

Por supuesto, muchos españoles que no opinamos como Jordi Évole queremos para esas dos ciudades unas fronteras tan seguras como las del Vaticano. Estoy convencido de que el Papa, que está protegido por la Muralla Leonina, lo entenderá mejor que nadie.

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