Análisis

Victor Entrialgo De Castro:»Guardianes del alma única de un pueblo»

Victor Entrialgo De Castro:"Guardianes del alma única de un pueblo"
Cataluña

Escribe Julien Benda en 1926 que el cambio de «la cultura» en «mi cultura» es el cambio más importante de la edad moderna. «La cultura», el espacio donde se desarrolla la vida espiritual del ser humano. «Mi cultura», el espíritu del pueblo al que pertenece que impregna a la vez los gestos más altos y los gestos más simples de la vida cotidiana.

Todo lo que llevamos padeciendo los españoles con los nacionalismos durante tanto tiempo, últimamente con las armas de ETA y luego con «el Golpe cansino» viene de las dos visiones de la nación, del hombre y de la cultura, que dividen la conciencia europea desde la Revolución francesa.

Frente al sentido de la unidad conseguida por Francia en torno a los derechos del hombre y el ciudadano, el imperio alemán necesitaba rearmarse ideológicamente. Y en lugar de al ciudadano, acudió Herder a la colectividad como sujeto orgánico, al «wolksgeist», el espíritu popular, a la Nación, pero no como asociación, no como contrato, sino como raza, lengua, costumbres en medio de las que el hombre nace.

Proclamando así su amor al prejuicio, convirtiendo el prejuicio en cultural, los contrarrevolucionarios franceses y los románticos alemanes, sustituyen la razón individual por la razón nacional.

¿Es que no son de raza alemana? ¿No hablan alemán? decían en 1870 los alemanes acerca de Alsacia y Lorena, igual que hoy Puigdemont y Torra, -guardianes del separatismo-, de Cataluña. Sí, cierto, pero es que además había entonces un porcentaje enorme de ciudadanos que no querían ser alemanes, igual que la España actual otra ideología identitaria lleva décadas discriminando y haciendo la vida imposible a un porcentaje enorme de ciudadanos catalanes que no van a dejar de ser españoles en su país, porque es lo que siempre han sido y porque no van a cambiar simplemente porque lo quiera un colectivo delirante que en su huida hacia delante, y en exclusivo beneficio propio, sigue hoy vulnerando sus derechos, entre otros, su derecho a hablar su lengua materna en su propio país y a escolarizar a sus hijos en ella.

Toda esta guerra que nos sigue dando, con armas o sin armas, el separatismo, viene, aunque ellos lo ignoren, de la teoría romántica del espíritu popular empleado como fundamento por el nacionalismo alemán en Alsacia y Lorena 1870 y más tarde en las dos guerras mundiales.

Para Herder no existen valores universales. El bien, la verdad y la belleza tienen un origen local. Sin embargo Goethe, el genio de la cultura universal, que colaboró inicialmente p con aquel en el Manifiesto «Sturm and Drang», Tempestad y Empuje, que dió origen al Movimiento Romántico, defendió luego a lo largo de toda su ida, su valor universal.

Claro que hay una jerarquía de valores que los humanos compartimos por encima de las entidades nacionales. Goethe descubrió un dia en una exótica novela china sorprendentes semejanzas con su obra Hermann y Dorothea. Mientras Herder intenta «folklorizar la literatura», Goethe, el monstruo de la cultura universal, llega a la conclusión de que debe tratarse de eliminar el chauvinismo de la cultura, aunque algunos le acusen de traicionar a Alemania, como a Cervantes o Goya, o como en el caso catalán sucede con Pau Casals, Josep Plá, Alicia de Larrocha, Monserrat Caballé o Albert Boadella.

Por eso frente a los nacionalismos desesperantes e intolerables surge, como no podía ser menos, la exaltación de la Nación española. Pero eso, con ser comprensible y un fenómeno lógico ante el momento que estamos viviendo, no puede ser todo. Lo fundamental no es oponer sólo, a esa colectividad separatista, un alma nacional española aún mayor, aunque sea una reacción física, natural y necesaria, sino hacer valer también, de acuerdo con la idea de la revolución francesa de Voltaire, Montesquieu, Diderot y Rousseau, la otra concepción europea del hombre y la cultura.

La del Estado como contrato, que cada vez hay que hacer, no mayor, sino más dinámico, ágil, eficaz y perfeccionado, en sus instituciones y en su defensa frente a las estratagemas y el dogma identitario que pisoteando los derechos del pueblo soberano español incluida más de la mitad de la población catalana, trata de imponerse en Cataluña.

La de España como un Estado cada vez más representativo, más ligero, ágil y eficaz frente a cualquier desafío a nuestros derechos en todo el territorio nacional. Un Estado permanentemente perfeccionado. El pueblo soberano español, con su ejemplo y comportamiento, es quien tiene que luchar contra el prejuicio y la ignorancia a través de la educación, exigiendo una mejora permanente de su sistema representativo e impulsando con prudencia y responsabilidad las mejoras que el Estado necesita.

Por el contrario, para los nacionalistas y separatistas la cultura es su cultura, y no tiene que buscar la verdad, no tiene que luchar frente al prejuicio y la ignorancia, sino expresar únicamente, en su singularidad irreductible, el espíritu popular, «el alma única» del pueblo catalán del que ellos son los «únicos guardianes».

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